ISSN EN TRÁMITE
REVISTA DE LITERATURA DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DEL ESTADO DE MÉXICO

Cuerpos dolientes y poesía

Luis Alberto Arellano

 

 

Todos los lunes, durante dos años, llegaba a mediodía a las puertas del reclusorio estatal en las afueras de la ciudad de Querétaro. Animaba un taller de creación literaria. Después de superar diversos controles y explicar cada lunes a un diferente custodio qué carajos era un taller de creación literaria y quién había autorizado mi acceso, debía dejar mi celular e identificación en la puerta de entrada. Pasaba de ahí a una sala donde me revisaban para asegurarse de que no introducía nada prohibido al penal. La primera vez que llevé libros fue un problema justificar que no estuvieran cerrados, como los cigarrillos que debía abrir en el área de internos y dejar ahí al salir. La idea es que nada entraba ni nada salía del penal. Con el tiempo y un par de libros de regalo (sin ironía) llegué a una relación amable con el custodio a cargo de esta sección. Después de este control seguían un par de rejas en secuencia, donde no se podía abrir una si no estaba cerrada la otra. Así que debías quedarte en un pasillo que estaba aislado del resto del edificio. En estos tres minutos de soledad y profunda desazón yo me preguntaba por qué iba todos los lunes a un taller con internos del penal. Por qué todos los lunes me sometía al control y revisión, por qué debía ensayar argumentos precisos y claros para explicar qué es un taller y por qué era parte de las actividades del penal. Cada lunes en ese pasillo me preguntaba si no valía la pena dejarlo y no volver la siguiente vez. Al llegar al último control ya no tenía dudas de si volvería o no. Lo hice durante dos años.

 

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Nos reuníamos en la biblioteca. Nunca tuve menos de ocho participantes. Los dejaba hablar y hablar y ponía ejercicios, revisábamos textos y sugería lecturas. Durante todo el tiempo que hice el recorrido al penal, lo más perturbador y molesto del ingreso fue un constante acoso de enjambres de moscas y un dulzón olor a grasa animal que rodeaba todo el edificio.

 

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Tardé meses en relacionar ese olor y las moscas con el rastro municipal que está contiguo al penal. Ambos edificios fueron construidos a inicios de 1980, cuando el rastro y la cárcel fueron sacados de la ciudad de Querétaro. La cárcel se encontraba en el actual Palacio de Gobierno. El rastro colindaba con el río, que es una de las principales atracciones de la ciudad porque divide el primer cuadro (famoso por su belleza, patrimonio de la humanidad) de la parte norte, donde se encontraron por años los burdeles y las cantinas. A inicios de los ochenta, la modernización de la ciudad tuvo como consecuencia que ambos recintos fueran a dar a 50 kilómetros al norte, colindando con el estado de Guanajuato. Edificios que fueron construidos al mismo tiempo, en la parte más elevada de un cerro que delimita la ciudad y el estado, en el poblado de San José el Alto. Reitero: la cárcel es ahora el Palacio de Gobierno estatal, y el rastro es un Oxxo en el inicio del primer cuadro. Lanzaron los dos recintos especializados en la punición corporal a espaldas de la ciudad. La figura retórica predilecta del Estado es la metáfora.

 

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Las moscas son un problema menor en la prisión. Una de las prisiones menos pobladas del país, con una infraestructura decente y que alberga presos del fuero común. Los jueces queretanos son famosos por aplicar las penas más altas que permite la ley. Varios de los asistentes al taller tenían peticiones que demandaban que su caso fuera juzgado en otro estado de la federación, inclusive si eso significaba admitir otros delitos. Aunque el penal es uno de los más llevaderos del país, los jueces son de los más temibles. La ecuación es sencilla: preferibles dos años en un agujero insalubre a ocho en un semihotel de paredes altas.

 

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Mis talleristas hablaban mucho sobre lo que los llevó a prisión. Constantemente revisaban dónde fallaron, por qué los agarraron, a quién olvidaron sobornar. Un dealer de coca que utilizaba a un pastor evangélico y su grey para transportar paquetes desde la frontera hasta el bajío. Les organizaba viajes mensuales de visita a templos famosos más allá de la línea y al volver escogía ciudades donde pudiera comprar 20, 30 kilos. Como muestra de su devoción a la Iglesia compró un autobús con piso falso. “La ruta es del sur al norte, nunca revisan si vienes en dirección contraria”.

Un asaltante de bancos que hizo una fortuna sin robar ninguno: planeaba los robos, estudiaba los locales, averiguaba las vías de soborno y coacción, diseñaba la ruta de escape. Lo ponía todo en una carpeta que valía un porcentaje de lo robado. El documento se leía en su presencia y se destruía. El día que decidió que él era tan hombre como cualquiera de sus compradores todo se pudrió. Formó una célula, escogió a los hombres más capaces. El día del robo el chofer del auto llegó tarde a la cita en la casa de seguridad. A manera de disculpa escupió un puta madre, qué pinche tráfico. A pesar de leerlo como una señal para abandonar el robo, decidieron seguir. Él es el único sobreviviente de un asalto que reportó 15 muertos.

 

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Mi entusiasmo por el taller en la prisión viene de mi larga oposición al Estado. En la primera línea de mis intereses se encuentra una necesidad por la acción política como derivado de la acción poética. Me parece una necesidad de primer orden recuperar el espacio público para los ciudadanos, así como trasgredir el lenguaje y devolverlo poema. Estoy por la participación ciudadana real en las decisiones del Estado. El régimen nacido de la revolución dejó un aparato que buscó distanciar al gobierno del individuo. Dudo mucho que cualquier político formado en ese entorno haga algo para desmontar ese aparato. Por tanto, creo que es la participación ciudadana la que permitiría otro orden más horizontal.

 

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Una de las formas más interesantes que encuentro para oponer resistencia al Estado es por medio de la defensa de los derechos humanos. Como toda práctica pública, se encuentra limitada y tiene discursos que la cuestionan de manera frontal. Dos de mis autores favoritos, Badiou y Žižek, han escrito libros completos dedicados al desmonte del discurso de los dh. Coincido en lo general con ellos, este discurso es reformista y logra muy poco porque aspira a muy poco. Además, justifica el estado de cosas que permite las violaciones que señalan. Pero creo que tienen en mente el entorno europeo y estadounidense al momento de ejercer su crítica. En el ámbito latinoamericano hay dos situaciones límite: la necesidad de la construcción de una narrativa del pasado donde el Estado ejerció violencia letal contra sus gobernados; y la posibilidad de arrebatarle víctimas actuales al discurso hegemónico. Como a mí me interesan los dh, la práctica es la defensoría de casos particulares donde la autoridad ha ejercido el poder para lastimar al otro. En Querétaro abundan los casos donde el poder usa sus herramientas para aplastar al individuo.

 

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Eustacio Yáñez es un trabajador agrícola tuerto que conducía una camioneta vieja por la sinuosa carretera de la Sierra Gorda queretana. En una curva difícil vio aparecer de frente a él, ocupando ambos carriles, a un convoy de motocicletas de lujo. Hombres en sus cuarenta y cincuenta enfundados en chamarras de piel conduciendo máquinas brillantes y poderosas. No pudo hacer nada y arrolló a tres. Uno murió en el lugar del accidente. Los otros dos tuvieron lesiones que incluyeron fracturas y contusiones menores. Inmediatamente fue detenido por los ocupantes de una camioneta que venía custodiando el convoy. Cuando se dio cuenta, el gobernador del estado se quitaba los guantes y el casco mientras le gritaba que ya se lo había cargado la chingada.

 

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Eustacio estuvo detenido casi ocho meses. Se le acusaba de homicidio con todas las agravantes y de planear un atentado contra el gobernador. Cuando fue detenido lo llevaron de inmediato al penal de San José el Alto. Todas las noches la guardia personal del gobernador Loyola Vera llegaba al penal y recogía a Eustacio. Lo llevaban al sótano del auditorio Josefa Ortiz de Domínguez, el mismo donde los gobernadores rinden su informe de gobierno y donde se realizan convenciones partidistas, en pleno centro de la ciudad, y lo torturaban toda la noche. Al amanecer, lo llevaban de nuevo al penal y Eustacio pasaba lista en la enfermería, a donde llegaba, según el reporte oficial, por una riña diaria en su celda.

 

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Eustacio contó la situación hasta la tercera semana. Su mujer buscó al ombudsman Bernardo Romero. Romero es un académico universitario que fue electo presidente de la CEDH por su falta de filiación partidista, lo que en un principio le pareció al gobierno que era una ventaja. Romero se entrevistó con Eustacio y emitió la primera recomendación contra el gobernador que registra la historia de Querétaro. La gente tomó las calles para protestar por los delitos fincados a Eustacio y por la tortura. Loyola echó mano de todo el aparato que sesenta años de priismo habían formado alrededor del poder: medios locales que atacaron a Bernardo Romero, legisladores federales que justificaban a modo, órdenes de aprehensión en contra de los empleados de la CEDH.

 

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En una de las visitas a Eustacio, Bernardo Romero quedó entre los pasillos que he descrito después de la revisión. Pasaron cinco minutos. Pasaron veinte. Una hora y las puertas seguían cerradas. Bernardo llamaba a gritos a los guardias para que lo dejaran salir. Seis horas después le dijeron que lo habían olvidado. Pidió una explicación más enérgicamente y le dijeron que pasara a una sala a donde llegaría el director del penal para disculparse. Al entrar cerraron con llave la sala y Bernardo tuvo que pasar la noche en el penal. En la madrugada un custodio abrió y dijo desconocer qué hacía ahí. Lo llevaron hasta la puerta del penal y le pidieron que acudiera en un horario donde lo pudiera atender personal adecuado para derivar su queja.

 

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La CNDH emitió una recomendación más al gobernador para revisar el caso de Eustacio. Nada pasó. Se radicalizó la protesta en medios y en las calles. El gobernador amenazó con fincarle responsabilidades a Romero como cómplice del complot. Después se entrevistó con él y le dijo que, sin rubores, le confiara sus problemas. Que él, el gobernador, podía ayudarlo. ¿Qué necesita, doctor? ¿Qué lo haría más feliz? Romero se levantó de la mesa y redactó una queja ante la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos. La queja fue admitida y la CIDH emitió recomendaciones a los gobiernos federal y estatal. En una gira del presidente Fox a Europa, Amnistía Internacional interrumpió una conferencia de prensa para exigir la liberación de Eustacio Yáñez. Fox preguntó a su equipo quién era Eustacio Yáñez. A su regreso, Santiago Creel se entrevistó con Loyola y acordaron liberar a Eustacio. Se le juzgó en libertad por homicidio culposo.

 

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Bernardo Romero no fue reelecto como presidente de la CEDH. Desde entonces dirige un centro, Fray Jacobo Daciano, encargado de la defensoría de casos similares. Se han sumado más nombres: Gabriel Guerra, golpeado por los escoltas de Loyola por lavarse en la fuente frente al Palacio de Gobierno. Loyola argumentó que no había sido tortura, sino una simple madriza. Doña Concepción García, acusada de trata de personas por alimentar a los inmigrantes centroamericanos que viajan a lomos del tren de carga, rumbo a la frontera, al paso por su comunidad en el municipio de El Marqués. Jacinta, Teresa y Alberta Alcántara, acusadas de secuestrar a 22 agentes federales en un decomiso de piratería en Santiago Mexquititlán. También fueron juzgadas por tráfico de drogas porque un agente, que fue dado de baja de la corporación por dar positivo en el antidoping, asegura haberlas visto guardar cocaína en su puesto de raspados.

En todos los casos, la participación ciudadana y la acción política fueron importantes para arrebatarle a los gobiernos estatal y federal víctimas que tenían juzgadas o en proceso.

 

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Trato de dimensionar los hechos: creo que Loyola creía honestamente en un complot para asesinarlo. La única razón que tengo para explicar la intervención de Creel y Fox en la liberación de Eustacio es simple y llana conciencia personal. Las acciones políticas, como una comunidad organizada, son cada vez más difíciles por la diversidad de actores sociales y por las tensiones no resueltas que esa diversidad plantea. Los medios de comunicación local tienen su propia agenda y un día publican un texto crítico y al siguiente lo editan para que parezca un laudo. No hay nada parecido a una sociedad civil, homogénea o politizada con el mismo horizonte de referencia. No somos los buenos y ellos los malos.

Creo que los funcionarios involucrados en los casos comentados piensan que la razón de Estado es superior a la seguridad del individuo. También sé que no existe un nosotros y un ellos tan radical como sus acciones parecen delimitar. Y entonces, escribo poemas, porque no tengo certezas y porque las acciones en el mundo me llevan a preguntarme más cosas de las que resuelven. Porque mi discurso es inestable, mi práctica poética también lo es.

 

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Como muchos, empecé a escribir poemas bajo el signo de la “tradición”. Los medios oficiales de circulación privilegian un tipo de poesía que responde a una jerarquización de valores y a una práctica trascendentalista. Esto quiere decir que el poema que puedes encontrar ahí es uno que niega toda referencialidad de sexo, género, historia o entorno social. Es un poema como producto terminado. Es un tipo de poema que supone puede hablar a todos en el idioma universal de la poesía. Y que puede ser aplicado a cualquier situación. Que tiende a hacer abstracciones de las experiencias cotidianas y las representa simbolizadas (y la figura retórica predominante en la construcción del poema es la metáfora), pero también despojadas de sus particularidades y de su conflictiva relación con el poeta. Que mantiene como premisa ideológica la existencia de una manera correcta y una manera equivocada de escribir poemas. Durante mucho tiempo esta práctica poética chocaba con mi práctica diaria y negaba (simbolizándolos) mis intereses personales.

 

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Que lo estético, como producto, ha sido una de las principales herramientas que un Estado-Nación tuvo a mano para construirse una narrativa común a sus gobernados es un hecho estudiado. El ejemplo más simple es la construcción de los relatos históricos que dan carácter a un héroe nacional. Los héroes nacionales son la síntesis del proyecto nación y, por tanto, se construyen a partir de su trágica historia. Son personajes de un relato trágico con estaciones sublimes que demuestran su entrega. En ese sentido, el poema construido como un texto trascendental es el horizonte de aspiración para lo estético, porque despoja de toda relación común con la realidad y crea un espacio simbólico más allá de.

 

Terry Eagleton:

La autonomía de la cultura, la sociedad como una totalidad expresiva u orgánica, el dogmatismo intuitivo de la imaginación, la prioridad de los afectos particulares y de las lealtades indiscutibles, la intimidatoria majestad de lo sublime, el incontrovertible carácter de la experiencia “inmediata”, la historia como un crecimiento espontáneo insondable para el análisis racional: estas son, en efecto, algunas de las formas en las que lo estético se convierte en un arma en manos de la política reaccionaria. Dicho de otro modo: la misma experiencia vital que es capaz de brindar una poderosa crítica a la racionalidad ilustrada puede convertirse también en la patria de la ideología conservadora.

 

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Más recientemente, un par de años a la fecha, empecé a cuestionar todo lo que esta estética trascendental me había enseñado. Como otros tantos, he sido tomado por una poética más inestable que enseña las marcas del proceso y de la persona que participa en él. Estoy en una búsqueda que no tiene un punto de llegada deseable. Una búsqueda que privilegia el error como un logro. Mi interés está ahora en una práctica que incluye soportes no convencionales, como la animación, la performance, la instalación y una radicalidad en el lenguaje posible para el poema. En ese contexto, mis intereses sociales han podido ser integrados a mi práctica poética.

 

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En el momento en que escribo se cumplen cuatro meses de la desaparición de un camión con 23 migrantes de la zona serrana que se dirigía a la frontera norte. El camión desapareció en algún lugar entre Río Verde y Tampico. La hipótesis más repetida, porque existe un antecedente, es la de un secuestro por parte de narcotraficantes que obligan a los migrantes a trabajar como esclavos en un rancho productor de marihuana de la zona. Ni las familias ni las autoridades quieren tomar cartas en el asunto. Las familias porque les basta la certeza de que no hayan muerto desbarrancados en la ruta, y porque temen a la policía y sus nexos con los narcotraficantes. Las autoridades estatales porque no tienen capacidad de respuesta, como lo ha demostrado el escándalo producido por el secuestro de Diego Fernández de Cevallos.

 

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En colaboración con Benjamín Moreno, José Manuel Velázquez, Elisa Herrera, Verónica Arredondo, Gabriela Ordaz, Oliver Hërring y Horacio Lozano, preparamos un espectáculo de poesía en soporte electrónico con la temática del Bi-Centenario (tomado en el sentido de una práctica de doble género) que no llegó a presentarse, en octubre de 2010. Nuestro principal reto era plantear acciones con texto para mostrar nuestro contexto de producción. Sin embargo, el grupo no estaba sólidamente configurado. A pesar de todo, la huella de estas reuniones se puede ver en las prácticas de todos los enumerados. Hay otro modo de encarar la escritura mucho más conflictiva. Una escritura que sea más una forma de resistencia. Que sea un síntoma y no un símbolo. Que busque lectores y no espectadores. Que establezca un diálogo conflictivo e inestable con la realidad que nos circunda. Que sea sinécdoque y no metáfora.

 

 

América

 

América, te hemos dado todo y ahora somos nada.
América, dos dólares y veintisiete centavos 31 de diciembre de 2014.
No podemos controlar nuestros pensamientos.
¿América, cuándo terminará la guerra entre hermanos?
Vete a la mierda con tu bomba atómica.
No nos sentimos bien, déjanos en paz.
No escribimos nuestros poemas hasta que estemos en el estado mental correcto.
¿América, cuándo tendrás rostro de ángel?
¿Por qué no te quitas la ropa?
¿Cuándo te mirarás yaciendo en tu propia tumba?
¿Cuándo estarás a la altura de tus millones de hijos disidentes? ¿América, por qué las bibliotecas están llenas de lágrimas? ¿Enviarás tus empleos a la India?
Estamos hartos de tus ridículas demandas.
¿Cuándo será el día que vayamos a los mercados
y compremos lo que necesitamos por nuestra linda carita? América, después de todo somos tú y nosotros los que somos perfectos
no el #NextWorld.
Tu maquinaria es demasiado para nosotros.
Nos haces desear ser unos santos.
Y eso tampoco está bien.
Debe haber otros modos de terminar esta discusión.
Paul Celan está en el fondo del Sena, no creo que regrese, es siniestro.
¿Estás siendo siniestra o es una especie de broma pesada? Trataremos de establecer nuestro punto.
Nos negamos a renunciar a nuestros deseos obsesiones anhelos sueños ambiciones impulsos.
Deja de joder.
Sabemos lo que estamos haciendo.
Los capullos de los naranjos caen al suelo.
Hemos dejado de leer los periódicos desde hace semanas. Nuestros desaparecidos siguen sin ser encontrados.
Tememos a nuestros muertos y a nuestros vivos.
América, solíamos ser comunistas zapatistas maricones mujeres que aman a otras mujeres
huérfanos sin nombre disidentes cuando niños.
No nos arrepentimos.
Hemos fumado marihuana inhalado coca masticado peyote bebido ácido tragado píldoras fumado hongos inyectado químicos en la sangre bebido millones de galones de alcoholes diversos. Nos sentamos por días en nuestras casas a mirar crecer las rosas del techo.
Después salimos a la calle nos embriagamos y no conseguimos acostarnos con nadie.
En nuestro corazón sabemos que eso es un problema.
Debiste mirarnos leyendo a Marx Bakunin Ezra Pound Vasconcelos. Nuestros analistas suponen que estamos perfectamente bien.
No diremos en voz alta las oraciones que corresponden a estas celebraciones.
Tenemos visiones místicas y vibraciones cósmicas privadas. Porque nos han robado la calle para el encuentro con nosotros y en nosotros.
Y no te hemos contado lo que le hiciste a Julio César Mondragón, cuando lo tiraste
sin rostro para que su imagen nos recordara que eres fuerte y bestial.

 

Te estamos hablando.
¿Vas a dejar que tu vida emocional sea controlada por una revista cualquiera?
Estamos obsesionados con el Hola.
Lo leemos cada semana.
Sus portadas nos miran obsesivamente desde que nos encontramos en las esquinas.
Las leemos en los sótanos de cualquier biblioteca parque público autobús estaciones de metro oficina pública almacén comercial fila del banco que podemos.
Todos son tan serios perfectos exitosos y potentes sexualmente. Esto nos pasa a nosotros en nuestra parte de América.
Esta es la forma en que nos comunicamos entre nosotros en esta parte de América.

 

Los chinos están volviendo con todo.
No dejarán nada en su sitio.
Debemos considerar nuestros recursos nacionales.
Nuestros recursos nacionales consisten en piedras acumuladas con un poco de arte en pocos siglos arte barroco de mediana factura playas de belleza perturbadora millones de genitales para
uso moderado millones de poemas impublicables grandes trozos de cielo contaminado drogas de múltiples facturas el terror de los carteles la música de los carteles las botas puntiagudas de los carteles las fosas de los carteles los cuerpos troceados de los carteles las montañas de dólares de los carteles volcanes vomitando humo como calderas al vacío.
Sin mencionar al ejército de gente sin empleo ni futuro que esperan su turno
en el molino de la muerte.
Ni los puteros abolidos en Francia en Tánger en Indonesia pero no en nuestras playas.
Quisiéramos ser presidentes aunque seamos católicos evangélicos yambés judíos ortodoxos luz del mundo.

 

¿América, cómo podríamos escribir himnos sagrados en este humor tan simple?
Continuaremos como Henry Ford nuestras estrofas son tan sagradas como sus automóviles más aún porque tienen sexo. América, te venderemos nuestras estrofas en dos mil quinientos bucks
quinientos si son reversionadas de tus viejas estrofas.
América, libera a Mireles.
América, libera a tus hijos que tenían hambre.
América, encierra a tus hijos que tenían ambición desmedida para vender al otro
sin importar su dolor.
América, enciérrate a ti y tira la llave al escusado.
América, desde nuestra más tierna infancia nuestras madres nos llevaron a mercados donde había grandes montones de fruta olorosa como la guanábana y el mango de risa caliente En esos
mercados la gente sabía tu nombre y te regalaba un trozo de olor para que fueras su cliente
América, la gente que sabía nuestro nombre aunque no estuviéramos seguros de cuál era América
mi abuela ayudaba a su gente a parir en sus casas y curaba los cuerpos rotos por costumbre
América eso era la infancia una Arcadia de frutas fragantes y abuelas conectadas con la vida hasta el fin de sus días.
América, tú no crees en la guerra.
Crees en la fuerza bruta de la ganancia desmedida.
América, los malos han sido tantos tipos.
Rojos árabes latinos negros mujeres judíos amarillos maricas lesbianas niños virus de todo tipo bacterias comecarne vendedores de drogas que agotan los cuerpos los malos han sido tantas cosas. Pobres incultos salvajes matricidas parricidas olvidados ricos mercenarios ciegos imbéciles distintos.
Porque los malos somos nosotros y somos todos.
Eso no es bueno Ugh enseñar a otros que la democracia viene montada en Black Hawk
no es bueno.
Enseñar que la libertad es un mortero apuntando al otro lado de la muralla.
Eso no es bueno leer las instrucciones de un bulldozer ID9 Caterpillar para tirar muros
protegido de las molotov.
Cavar fosas no es bueno.
América, seamos serios,
el mundo tiene más colores. Es la impresión que tenemos cuando leemos la prensa
Miramos la televisión escuchamos a los noticieros.
¿Es esta la versión correcta?
Mejor miramos a otro lado y nos ponemos a trabajar, huevones. Tampoco queremos enlistarnos en un ejército que salve a todos a costa de todos.
Entonces debemos hacer la pregunta correcta: ¿Estamos en el lado bueno, América?
Ven, te prestamos nuestro hombro marica para llorar.

 

Luis Alberto Arellano (Querétaro, 1976-2016). Es autor de Erradumbre (Mantis, 2003), De pájaros raíces el deseo (Écrits des Forges/Mantis 2006), Plexo (FETA, 2011), Bonzo (Ediciones El Quirófano, 2012) y Grandes atletas negros (Luzzeta, 2014). Algunos de sus poemas y ensayos han sido traducidos al catalán, árabe, inglés, alemán, portugués y francés. Tradujo Todo alrededor de lo que se vacía, de Linh Dinh, y Una probada de miel, de Bob Flanagan y David Trinidad.