ISSN: 2992-7781
REVISTA DE LITERATURA DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DEL ESTADO DE MÉXICO

Heliogábalo

Roberto Piva

 

 

I

 

El Eros quiere contacto,
pues tiende a la unión,
la supresión de los límites espaciales
entre el Yo y el objeto amado.

Sigmund Freud

 

En el gran tejado de carne la mano Cuadrilátero latía su aureola en

torno del minúsculo huevo de hueso negro        tus ojos extendidos sobre las

mismas órbitas de hojas        el soplo rítmico de todas las ventanas rozando

muchos periscopios en la superficie de tu boca inflamada        yo estaba

listo a deshacerme como un ojo sonoro dentro de un reloj

sumergido donde las algas clavaron sus uñas de sueño vegetal en la colina

machucada del corazón.        Algunas rupias perdidas entre un acantilado

de nácar, colibrís acuáticos con plumas caníbales & anos de perla

avanzaban al mismo tiempo que mis tristes palpitaciones.        Temblores

de una alucinación feroz en giros excéntricos por los sótanos de las viejas

goletas donde fui arrojado en segmentos perpendiculares a las esquinas

arqueadas de las rodillas mientras tus vísceras me envuelven & yo quedo

prisionero para siempre.        Un dulce bochorno nos hace levitar a través de las

ondulaciones crispadas en el estómago del GRAN PULPO. Mi boca presa

a tu nuca de seda roja nos abismamos en el chorro líquido de lilas

& violetas. Así transformados en Estrella tus pestañas —lanza-llamas

incineran mi cuerpo a la altura de la Luna.        Hotel de caricias-pelusa

al alcance de las alas arborescentes y sollozos arrastrados por las barrancas

enmarcadas, boulevárdicas.        Tus manos azules son un contrapeso,

un solo lejano inanimado de un saxofón en un desierto de besos.

Nuestras bocas sólo ahora medio despiertas hacen pasar pájaros en bandada bajo

la piel. Nuestro destino es construir palacios sensoriales en las playas obscuramente

favorables.        Una botella a la deriva me seduce de pasada en aquel

espasmo de la vigilia como el muchacho heráldico izado en una garra que avanza

& que brinca.        Cinco golpes en las bisagras de los corazones todas las tardes

sobre pabellones & jardines en desbandada en una Flor Roja (tu único

suspiro) alerta con las águilas de miel subyacentes en todas las direcciones.

El trópico de dolor concibe un magnetismo especial, burbujeante, cuyos

pétalos son cisnes & alambiques que caen de las nubes.        En las plazas

desiertas los estertores se extienden monumentales.        La cabellera química

en las ranuras de las lámparas ornamentales inscribe el ligero sollozo de ÁNGEL

NAMOR en una galería de muchachos-soles simétricamente fascinados.

 

 

II

 

¡Corre el río de mi amor
hacia lo insuperable!
¿Cómo no encontraría un río
al final el camino del mar?

NIETZSCHE

 

Nunca más saldré.        Los puentes incandescentes bordean frágilmente

la pista de tu corazón bordado a fuego. Cuernos azulados despedazan la silenciosa

atmósfera donde caen las plumas de los dragones salvajes.        Mirando cada

punto del campo esquimal veo un oblato con el sexo arrancado durante

la noche, la sangre coagulada entre los muslos formando un tenebroso lago

Polar.        Las alamedas marítimas vendaban un horóscopo con moluscos–

cartománticos embriagados de bombones viejos.        La seda nocturna descendía

sobre mi cráneo como un espejo de Amor.        Nosotros escapábamos nuevamente

a los terremotos de silencio anaranjado        demencia apasionada

encerrándonos en una concha en el largo párpado del bosque.        ¿Serás tú

el pequeño príncipe minotauro cuyos guantes de frenesí atraviesan el cielo?

¿Serás tú Anubis náufrago adornado con pañuelos de menta?        Poco

a poco los trapecios de neón avanzan a través de las cejas cerradas

de la medianoche.        Los ojos de dos pájaros carnívoros abandonaron

peligrosamente sus dulces órbitas vacías.        Cortinas de lluvia suave

depositan su polen luminoso en las ancas crispadas de Amianto.        Una

rosa giratoria en permanente destrucción sobre los rieles del vals rociaba

perfumes en las gargantas puntiagudas del Otoño de bárbaros.        El sol

levantaba su pabellón oscilatorio.        Planetas de crema explotaban.

En las emanaciones de las antorchas de alabastro, flotaba un muchacho de belleza Azul.

 

 

III

 

Ciertos arcángeles perforados como ciempiés se agrupan en una farándula de

alas.        El color del mundo es un pulmón verde-claro. El viento indiscutible

desfila un largo cometa testimonio del temblor lunar sobre mis huesos.

Las voces se mezclan en el caparazón de la tortuga hasta la más tierna altitud

(sus ojivas más simples) en el punto más acústico del corazón de porcelana.

En este minuto las escafandras se asomaron en las ventanas del océano de cipreses,

Un navío milagroso (su único sobreviviente es un pequeño pirata color de

yambo) cruza la masa híbrida del DILUVIO.        La orquestación de Saturno

franjas de luz sobre barracudas tartamudeando su creencia en la vida.        El muchacho–

pirata conduce las sangrientas lujurias del León & de la Risa.        De su muslo

rubio arranca las retinas del Diablo, de su muslo moreno, los sueños donde

recostó su magnificencia. El horror de ser su presa planta calamares de cristal en

mi memoria recién llegada del fondo del mar.        Un ojo gigantesco

supera mi deseo de flores finas & ciegas.

 

 

IV

 

Je te connais et t’admire en silence

Rimbaud

 

Así hablan las medusas en medio de los relámpagos.        Ropajes

lactescentes deshilados en sus miradas friolentas.        En los maxilares de las

constelaciones nacen geranios.        Vientres boreales embarazados de sátrapas

que giran grises.        Lucha & vértigo en las magias geológicas.

Los ejes en la inmensa vibración exaltan la tinta de follaje seca en la esfera

de los trombones marinos un poco a mi disposición en brillos de

Tómbola.        Espino de carga eléctrica en los túneles de huevos fritos.

El barco llevará por supuesto la tripulación de protozoarios & banderas.

Él prepara mi sorpresa preciosa: Enormes manos blancas en los

fragmentos de las lágrimas dilatadas.

 

Traducción de Sergio Ernesto Ríos

 

Roberto Piva (São Paulo, Brasil, 1937-2010). Es uno de los grandes poetas brasileños del siglo XX, autor del emblemático Paranóia (Massao Ohno, 1963). Entre 2005 y 2008 apareció su poesía reunida en tres tomos: Um Estrangeiro na Legião, Mala na Mão & Asas Pretas y Estranhos Sinais de Saturno.