«Dear Prudence»
Ronit Guttman Berditchevsky
Ciudad de México, abril-mayo de 2018
«Dear Prudence»:
Nos dijimos corazón contorsionista
por la elasticidad de nuestro lazo.
Como el resto de las cosas a su paso,
el sionismo corrompió
nuestro amor,
nuestro idioma,
nuestras memorias,
nuestro mundo
y los sepultó bajo los escombros.
Confirmo que Freud se equivocó en Duelo y melancolía:
los objetos de amor perdidos no son reemplazables por otros.
Con trabajo de duelo,
el corazón puede,
como cualquier músculo rígido,
recuperar su elasticidad.
Nuestro lazo, ya no.
De corazón contorsionista
me quedo con corazón y
te dejo
sionista.
Sinceramente,
self-loving jew
Nota
Bailo desde que tengo memoria; el movimiento de las cuerpas me embelesa. Comencé a practicar danza aérea hace 19 años, con sus interrupciones, tránsito en el que comprendí que estirar es fundamental, pues la elasticidad —no sólo física— es condición para hacer frente a la vida, para hospedar la diferencia. La contorsión es, como otras disciplinas circenses, una práctica hermosa: la capacidad de la cuerpa de estirarse hasta plegarse en formas insospechadas y confirmar que hay otras posibilidades, otras vías, no sin esfuerzo. A finales de 2023 reparé en que contorsionista contiene sionista. Para entonces, por mis convicciones en tanto que judía, se precipitaron pérdidas entrañables, rigidizando irremediablemente lazos. Larga es la lista de palabras, hábitos, lugares, personas que hoy me descolocan, me duelen, me enfurecen y me avergüenzan, aunque en algunos casos se trate de coincidencias.
El castigo colectivo desmedido, asimétrico y totalmente desproporcionado de Israel al pueblo palestino, en respuesta a la ofensiva de Hamás del 7 de octubre de 2023, figura entre las atrocidades más brutales del siglo que corre. La campaña genocida y de limpieza étnica en curso a manos de Israel se ha cobrado la vida, según cifras conservadoras, de cerca de 50 mil palestines y la Nakba, desde 1948, la tierra, el hogar, los derechos y la dignidad de aproximadamente 700 mil palestines. De cara a la aniquilación que atestiguamos, mis pérdidas personales: mis certezas, mi inocencia, mis palabras, mis espacios, mis amores, mis lazos y mi flexibilidad se dimensionan casi imperceptibles. Sin embargo, me duelen y mucho. Queda nombrarlas y darles lugar para que no vuelvan a paralizarme, para seguir bailando, para seguir movilizando la rabia y estirar e insistir en direcciones menos áridas y hostiles. Estirar con cuidado y paciencia para que los músculos puedan elongarse, llegar más lejos, empujar sus límites trabajando su resistencia para evitar contracturas y desgarres. De la misma forma, con cuidado y sin claudicar, empujar los límites estructurales de lo que algunos han impuesto, estirar para llevarlos más lejos e insistir en la resistencia de la vida digna para evitar más desgarres, porque otro mundo, abajo y a la izquierda, tiene que ser posible.
Ronit Guttman Berditchevsky (Ciudad de México, 1989). Textos suyos aparecen en Periódico de Poesía, Luvina, Post-Filia y en Revista de la Universidad de México.