ISSN: 2992-7781
REVISTA DE LITERATURA DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DEL ESTADO DE MÉXICO

Enero 5

Diana Garza Islas & Juan Camarena

 

Ilustración: Juan Camarena

 

 

Yo, diciéndole a alguien: gasóleo, petróleo, polietileno y todos los demás: recuerda que vienen del gas y el gas no es gas, sino agua, y el agua no es agua, sino un estado de la materia.

 

*

Una bahía de la forma de un país. No recuerdo cuál país, pero tal vez Yucatán. Para salir a buscar agua potable exigían constancia de vacuna, entonces sólo te irías tú. Todo eso mientras yo ayudara en la búsqueda de la patita, que era una patita muy esbelta. Yo me fui a dormir mientras tú volvías. Habían pasado años ya.

Al abrir la habitación, siete gallinas rojas se me escapan. Finjo perseguirlas, pero las dejé corriendo y libres por el pasillo de duela. Durmiendo, vi que en un huequito del mar la patita había puesto un huevo casi rosa. No estaba muerta, como secretamente todos hubieran deseado. O sí, pero en la siesta no. En la siesta estaba viva y era una mamá.

El huevo era también un contenedor de agua potable que no se acababa nunca. El resto fue meditar si despertar o no. Si verte de nuevo o no. Y en todo caso, ¿para qué?

 

*

Esthela pedía agua bendita para sus acuarelas. Los demás decían: sí, también necesitamos agua bendita, ¿no tienes? Tú me decías: ven, ayúdame. Entonces agarrabas tu cuenco de coquito de la cocina y ya estábamos en una expedición. Era una ciudad a oscuras, con murallas altas y descarapeladas, color amarillo pastel. Después de varios días de buscar agua bendita en esa ciudad donde no amanecía nunca, me daba cuenta de algo: ¿por qué estamos buscando agua bendita si nosotros la sabemos bendecir? Y adquiríamos al instante el conocimiento para bendecir el agua. Para esto, había que poner el cuenco vacío sobre una extensión de tierra y hacer sobre ella unos trazados-surcos geométricos con los brazos. Debíamos hacer el trazo simultáneamente con un brazo tuyo, un brazo mío, uno tuyo, otro mío, a lo horizontal y lo vertical, formando una especie de malla con patrones de líneas y descansos que aprendíamos al momento. El coquito se llenaba al recibir esta geometría y veíamos que sí: habíamos inventado el agua bendita. Su forma, su color, su textura: todo lo indicaba.

Pero había otra cosa, y es que el agua era capaz de una cierta vibración que podíamos activar al verla de cierta forma. El agua se volvía definitivamente bendita —y bendita en este contexto significaba viva— sólo si vibraba, es decir: sólo si tú y yo la mirábamos al mismo tiempo.

 

*

Había muchas cosas, pero al final me inclino sobre un hombre en el río para enseñarle un papel que encontré y que era el resumen de mi sueño. Él me dice, muy pensativo: el taxón que se repite es ua-ua. Yo le digo: ¿eso vendrá de agua? Y él: es como water-water que es igual a ua-ua-ua. Y uauauaaa, uauauaaa, se quedaba cantando en el río.

 

Texto: Diana Garza Islas