ISSN: 2992-7781
REVISTA DE LITERATURA DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DEL ESTADO DE MÉXICO

 

Un instructivo para escritores que no escriben

Demian Marín

 

 

En Museo de la novela de la Eterna, Macedonio Fernández logra dar rodeo tras rodeo, a través de sus interminables prólogos, con el fin de demostrar que la novela que el lector espera leer tal vez nunca llegue. Por medio de la experimentación narrativa, Fernández logra plasmar el mal que ahora es una realidad para todos: ese de la procrastinación.

En el Diccionario de la Real Academia Española, «procrastinar» significa «diferir, aplazar». En la realidad, significa mucho más que eso: es dejar para después lo que se puede hacer ahora, aunque no haya ningún impedimento para hacerlo de inmediato; es el verbo detrás del intraducible mexicanismo «ahorita».

Guardando las debidas proporciones, Curso de belleza, amor y sexo (Berenice, 2016), libro del mexicano Israel Pintor, es una exploración literaria que lleva a puertos semejantes a los de Macedonio Fernández. Aquí no lo hace por medio de prólogos, sino de una novela en la que el protagonista se dedica a procrastinar en todo: la toma de decisiones, sus relaciones con los otros, la propia escritura. El personaje, a diferencia del Bartleby de Melville, quien «preferiría no hacerlo», no niega su intención de seguir adelante en su situación de migrante, más bien, la posterga. De tal modo, en esta novela, la premisa de Pintor se vuelve «preferiría no hacerlo… ahorita».

Con Curso de belleza, amor y sexo nos encontramos con una autoficción: el protagonista es un escritor mexicano que vive en España y lucha de manera cotidiana por insertarse en una sociedad andaluza que le plantea choques culturales que podrían pasar desapercibidos para cualquiera. Con esta novela se demuestra que las barreras lingüísticas y culturales también pueden afectar a individuos que hablan un mismo idioma, pero que no tienen los mismos referentes.

Destaca el uso del narrador en segunda persona, del cual podemos encontrar escasos ejemplos afortunados (el más celebrado, la novela Aura, de Carlos Fuentes; el más osado, el cuento «Usted se tendió a tu lado», de Julio Cortázar). En la novela de autoficción de Pintor, el narrador no sólo tutea al personaje, sino que le da órdenes; es decir, hace uso del imperativo, el único modo verbal que sólo se conjuga en un tiempo (el presente) y una persona (la segunda). Con esta premisa, Pintor logra meter al lector a, como dice el título del libro, un curso, o más específicamente, un instructivo. ¿Y de qué va el instructivo? De la procrastinación.

La estructura y el tema podrían parecer anquilosados, pero no lo son. El autor logra sostener una novela amena, con humor rezumando por sus poros, planteando situaciones que a cualquiera le podrían suceder y, como dice el autor mismo, respondiendo a la cita de Andy Warhol: «Lo que debería haber en el mundo es cursos de belleza, amor y sexo».