ISSN: 2992-7781
REVISTA DE LITERATURA DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DEL ESTADO DE MÉXICO

 

Cuentinovela insular

Demian Marín

 

 

Para el catedrático alemán Ottmar Ette, «la isla se presenta […] como isla-mundo en la que se espacializa una totalidad en su condición de conclusión y aislamiento, para articularse de inmediato, dentro de su espacio interior [...] la isla se muestra también como parte de un mundo insular que representa lo fragmentario, astillado, mosaico que se caracteriza por múltiples uniones y constelaciones internas».

Esta totalidad fragmentaria puede verse claramente en la colección de cuentos Mi novia preferida fue un bulldog francés (Alfaguara, 2017), de la poeta, dramaturga y narradora cubana Legna Rodríguez Iglesias. Porque el libro, como enuncia Ette, es una totalidad concluida y aislada, y a la vez es un mosaico de fragmentos que conforman una constelación a la que podría bien llamarse «novela»; quince fragmentos, para ser más precisos, unidos por dieciséis pequeñas frases que sirven como goznes a este universo absurdo, violento, femenino y oscuro en el que el lector se adentra.

El efecto que logra con esta estructura es, de inicio, de extrañamiento. ¿Qué me quiere decir —se pregunta el lector— con estas frases que resuenan en mi cabeza mientras leo el cuento posterior, o incluso el anterior? El mismo bulldog, narrador de «Soba», el último de los cuentos, da una idea que, más que precisa, genera más dudas respecto al uso de estas frases. Dice el bulldog: «Frases ingeniosas que a ella se le ocurren con frecuencia y que escribe en su estado de Facebook y la gente enseguida pone me gusta».

Este libro no se queda, retomando las palabras de Ette, en una «isla-mundo en la que se espacializa una totalidad en su condición de conclusión y aislamiento». También cada cuento da muestras de totalidad y, al mismo tiempo, de complicidad y diálogo con los demás. En todos ellos el lenguaje es preciso, con frases cortas y contundentes; en todos ellos, el mecanismo narrativo es distinto.

Por mencionar sólo algunos, el uso de párrafos de una sola oración en «Wanda» la acerca al texto dramático y permite que la historia violenta que narra fluya de tal manera que la forma y el fondo se fusionan. En «Poema», la historia se desdibuja para dar paso al despertar de emociones por medio de imágenes, que es justo lo que hace un poema. Estos acercamientos a la dramaturgia y a la poesía, valga dejar como apunte, son muestra de la familiaridad que la autora, con libros teatrales y poéticos en su haber, tiene con estos lenguajes.

Nos encontramos, sin duda, ante una obra de las que a la academia le ha dado por llamar «posmoderna». Y es que lo tiene todo para que se llame así: autorreferencialidad, construcción de ficciones a partir de la estética de otros autores, incluso la convivencia del discurso narrativo con otros tipos de expresiones literarias. Vale la pena echarle un ojo y maravillarse con lo que nos tiene preparado el Caribe desde las islas que lo salpican.