ISSN: 2992-7781

 

A las fracciones papá les llamaba quebrados,

algo tenía que romperse*

(Fragmento)

 

Alkaíd Marino

 

 

4/5

 

Un signo mal empleado

que a algunos designa con el número 1

y a otros,

con el número 0.

 


 

No hay sumas eternas

ni resultados que den,

bien a bien,

el fruto de lo que 1

desea.

 

 

Día del nieto

 

Mi abuelo le llamaba día del nieto.

Toda la familia se reunía: abrazos.

Besos. Pellizcos de mejilla.

 

¿Cómo vas en la escuela?

¿Te has portado bien?

¿Obedeces a tu mamá?

 

Todos nerviosos en el patio

de esa enorme casa.

 

Los primos ricos y los casi ricos.

 

Ambos grupos muy talentosos:

ejecución de chacos. Canto.

Actos de magia.

 

Artistas natos.

 

Y los sin chiste: reprobados, sin dinero,

callados, rezongones,

los que no comíamos el jocoque

del abuelo.

 

En la noche era el espectáculo.

Como en un circo,

los nietos

(primos ricos y casi ricos)

preparaban sus increíbles actos.

 

Los sin chiste,

su humillación.

 

 

 

Envidia

 

Carismático, inteligente.

Ese era mi hermano.

 

Aprendió las tablas

muy pequeño,

resolvió como nadie

los rompecabezas de la escuela.

 

A todos asombraba

con su manera de jugar,

de hablar,

de comportarse.

 

Siempre sacó buenas

calificaciones.

 

Ahí está. Lo rodean todos.

 

Toca ese instrumento como un experto:

ejecuta, con su magnífico oído,

las notas de la canción.

 

Le aplauden.

 

¿Por qué no pude aplaudirle como todos?

 

¿Por qué me siguen doliendo

aquellos aplausos?

 

Soy un cobarde.

A veces,

imagino mi vida sin él:

 

un mundo en el que su ausencia,

también me lastima.

 

 

 

Divisible

 

Los números me enseñaron

que, en la soledad

de una palabra,

la tristeza regresa

como la luz desaparecida

del cielo.

 

Hasta donde puedo comprender,

cada palabra en el poema

es una forma de enumerar

 

cosas rotas.

 

¿De qué me sirven las cifras,

las correlaciones causales

sobre la cantidad de felicidad

que todo suma?

 

Reescribo mi presente

por el número de veces

que he perdido algo:

 

todo lo que sé

y lo que ignoro de mí

suele ser

divisible.

 

 

2/6

 

La poesía reintegra

todas las cosas.

 


 

Es posible

que un poeta

no pueda ver la diferencia

entre una palabra

y un número

sin valor.

 

 

La tristeza se multiplica

Despedidas                                Pérdidas

X    Pérdidas                              X    Despedidas

_____________                       _____________

 

Es igual.

 

 

A la tristeza

no le importa el orden,

pues el producto,

siempre,

será ella misma.

 

 

 

Soledad

 

La olla del café se desperdicia,

las conchas con nata, también.

Coloca dos tazas sobre la mesa.

Una es para ella; la otra, para nadie.

 

Nunca la obligaron

a comer de aquel recuerdo,

pero sí de aquella sopa insípida

que la hacía llorar.

 

Todos la bañaron y la vistieron;

de buena gana

la ayudaban a ir al baño. Pero siempre

olvidaron comprarle su fruta

por las mañanas.

 

Mi abuela escuchó atenta cada una

de sus tristezas:

si mirabas con detenimiento sus ojos,

podías ver el color

de la soledad.

 

 

 

 

*Publicado en 2025 por Ediciones Liliputienses.

 

 

 

Sobre el libro A las fracciones papá le llamaba quebrados, algo tenía que romperse

Nunca quise escribir este libro para contar lo que no se puede resolver con números. De niños nos enseñaron que toda cosa puede dividirse: las horas, las formas, los afectos. Pero en cada división algo se pierde, algo se quiebra, y pienso que en ese resto sin nombre habita la poesía. He comprobado que el poema es una operación imposible, una ecuación que no busca el resultado, sino el intento. Este libro reúne los pedazos que quedaron fuera del cálculo, en una tentativa por hallar en las palabras la parte que no se deja medir.
Los gestos familiares, los silencios, la envidia que también es una forma de amor, la soledad que se sienta a la mesa con una taza vacía. No quise entender nada, solo aprender a convivir con las grietas, con lo que se rompe y, aun así, respirar.
En cada verso hay un número que se multiplica por la pérdida, una suma que nunca da exacto. Tal vez la poesía sea eso: la ciencia del desajuste, la forma más humana de aceptar que algo siempre queda fuera del conteo.

 

 

Alkaíd Marino (Ciudad de México, 1980). Participó en talleres literarios a cargo de los escritores Fidel Acevedo, Cristina Rivera Garza y Daniel Miranda Terrés. Autor de los libros de poesía: Tatuajes (Praxis, 2014), Mal de espejo (Praxis, 2016), Deixis (Praxis, 2018), Desencanto del héroe (Praxis, 2021), La delgada costumbre de lo vulnerable (o breve compendio de lo habitual) (Praxis, 2022) y A las fracciones papá les llamaba quebrados, algo tenía que romperse (Ediciones Liliputienses, 2025).