ISSN: 2992-7781

cenixienta ¿olvida? las instrucciones

(fragmento)

 

 

Agustina Perez

 

ya es noche abierta, despilfarrada de piernas, noche de hora 03:33, noche cámara de ecos, cuando cenixienta, con el «Gomsterffi» bien asentado en el torrente sanguinolento, olvida con prolijidad las instrucciones que leyó, tan solo unas horas atrás, en El Libro, en el libro titulado El Eclesial, en la Copia Fiel, que tomó del salón de lectura del Palacio Monasterio de El Escorial, más precisamente de la estantería en de la que Caperuxita solía guardar sus libros de infancia.

 

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cenixienta leyó las instrucciones, que ahora finge disoluta olvidar con prolijidad escolar. cenixienta no puede obviarse, ni siquiera a sí misma, que las leyó en una de las tantas copias de El Libro, en una de las tantas pero justo en aquella que estaba subrayada, con lápiz color damasco, por Caperuxita.

 

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a Escena.

 

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cenixienta toma El Eclesial, El Libro, Copia Fiel, de la estantería de la Biblioteca que corresponde a los libros de Sissi, la coequiper de Felipe II El Biencubierto. de esa estantería, Caperuxita suele o solía o solerá tomar ejemplares, leerlos y escribirlos otra vez, y devolverlos malversados con tamaña cantidad de subrayados, escrituras sobre escrituras, grafías y descalabros en los márgenes, papeles extra entre los pliegos originales, objetos de superficies no demasiado volumétricas o sí pero aplastados, y cubiertos en cinta scotch o papel de burbujas para su preservación y así, todo así, todo del modo en que ha sido cuidadosamente relatado con pródigo y veraz detalle.

 

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en La Escena, cenixienta toma El Libro, El Eclesial, Copia Fiel, y lee unas instrucciones que Caperuxita había subrayado con un lápiz acrayonado de color damasco.

 

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cenixienta abrió el libro en una página cualesquiera, y se encontró con un pliego que sentaba bien a su situación, a su situación de haberse suicidado y estar, irresolublemente, muerta.

 

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el pliego que encontró cenixienta al abrir el libro tenía un título más que elocuente.

 

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en la copia subrayada por Caperuxita con crayón color damasco, cenixienta había leído:

 

Instrucciones para la Resurrección

(seguidas de: Advertencias)

se ha difundido la Voz de El Eclesial por todas las Últimas Poblaciones y, hasta los confines de la Últimas Poblaciones, su Palabra. en ciertas ciudades, se ha conseguido el Desconcierto. una de aquellas ciudades es Esmirna, que se traduce como Su Cantar. otra de las ciudades es salitre, que se traduce como Sal del Trauma. quien ha muerto por mano propia, por arrojo propio, por propio acelere, bien sabe que tiene, ahora, vedado el acceso a las lindes salítreas. mas se ha difundido también la Voz de El Eclesial por una tercera ciudad: Villa Furs. Villa Furs, otra nomenclatura de Reino Mustelidae. esta ciudad, para quien ha atentado a tontas y a locas contra su vida, está también –sobre todo y máxime– vedada. El Eclesial es El Libro, es Uno, pero, legión, es muchos. por eso, espectadora, escucha: cenixienta, el canto de Esmirna te condujo hacia el salitre, donde encontraste la muerte. lo que te corresponde de a momento es aguardar paciente que se abra el claro para resucitar como copista, y así poder allegarte, en buenahora, a Villa Furs. pero empero te emperras, te intoxicas, y quieres, a sabiendas del resultado pésimo de lo peor, emprender el recorrido hacia Villa Furs AHORA. ¿percibes bien que no hay, en tu estado, lugar adónde ir, si no es pactando con el Pilatos de Sol? el pacto pilato es un canto melódico del nada nuevo bajo el sol. si llegas, ¿qué has de encontrar? muerta, encontrarás el mismo precipite que te precipitó a la emblemáxima dosis furibunda. esa melodía del siempre lo mismo pilato, cenixienta, no trae nada bueno. escucha, en cambio: no-es-hora de romper a patadas el vitraux del ventanal, no es hora del vidrio, es hora del proceso del cristal: hora de crisálida, de cristalizarse en la muerte, y aguardar. queda queda, y abierta al sonido que se desliza en borlas por el aire. escucha, hasta que oigas que suena el ruido táctil del cantar de los Tercetos del Eclesial y la predicación del Haber del Reino. la transa con el Pilatos de Sol, el gran fosilizante, te obligará a falsear la confesión, a predicar en contra de los copistas, de todos tus coequipers pertenecientes a la Orden del Ruido Táctil de la Santa Iglesia Caótica. el Pilatos de Sol te obligará, pero solo si cedes, a falsear Tu confesión. pero, en cualquier caso, si cedes, si eliges ceder: no temas por lo que has de sufrir.

 

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cenixienta leyó, no leyó. loca rea y ella allá, allá, en los alvéolos de la intoxicación.

 

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abandonó el mullido sillón verde botella de la Biblioteca y volvió sobre sus pasos al salón comedor. volvió a sentarse a la cabecera derecha de la larga mesa chippendale y comenzó, siguió, su ceremonia del té malhabido: alcohol, azufre, Terror.

 

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tomado el libro, bien, pero tomado el «té», el «olvido» –equívoco del adrede del Dresde de los Adictos– se produce de inmediato.

 

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una vez aviada de la dosis, cenixienta se dirige por la puerta trasera al jardín. allí, al borde de las escalinatas palaciegas donde muere de sed, lo que escucha no es la Palabra de El Eclesial, sino el atruene toscón de los vientos Siroco y Bóreas, adláteres del Pilatos de Sol, cuando se revuelcan contra la epidermis de las calas.

 

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el sonido blanquísimo y cadavérico de las calas mecidas por los vientos se ahueca en la cámara de ecos de la noche abierta de piernas: retumba, resuena y resiente.

 

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cenixienta no soporta ese ruido y se echa a rastras, bamboleante y pendular, ridícula a los ojos de los dioses, intentando huir del sonido.

 

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La Escena: cuatro calas batidas por el viento, cuatro campánulas. cuatro campanadas de Herr Ico. cenixienta sostenida con torpeza, sin el agarre de las barandas, parada a los pies de la larga escalinata. cuatro campanadas: por quién suenan las campanas. cuatro campanadas que le golpean el dorso de las rodillas y la hacen caer, la hacen caer, la hacen caer de arrodillada, apolillada, la hacen caer de rodillas que se raspan, de raspe que es raspón y rayón. de rodilla rayada y piel borrada cenixienta cae loca, cae rayo y rayón al punto de que demiurga de su propia escena del Mal hurga en los pliegues internos de un bolsillo sacrílego del vestido y encuentra, sí, encuentra el vestigio de la bolsa de cocaína que guardaba para ocasiones de tener que bajar enseguida, y se da al mal paso pero ahora de verdad, se da al pase del mal: se prepara el pase al contra-bando: a ceder al trato, siempre espurio, del Pilatos de Sol.

 

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cenixienta abre la bolsa de plástico negro, toma de uno de los bolsillos internos de su vestido Dior azul un artefacto dieciochesco y vierte la sustancia blanco-vítrea sobre la cara del espejo de un antiguo dispositivo plegable de metal dorado y vidrio biselado, un France Boudoir, de 1813, que en una cara contiene un espejo y en la otra una litografía de El Eclesial...

 

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cenixienta, muerta aun las mañas, oh, no...

 

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sobre el vidrio dieciochesco arma la raya pura purísima y la esnifa con una varilla de oro rosé metalizado, que el muñequito del malecón le regaló, cuando estaba viva, para esas mieses.

 

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cenixienta, ya menos beoda, esnifado el pase, vuelve en otra que no es en sí, sino que es la temible, La Otra, La Farisea.

 

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ni muerta ni viva: La Avivada.

 

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ah, cenixienta, muerta, y aún las mañas para desmañar...

 

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lo que sucede es claro como agua de manantial, pero agua de manantial pilata, agua de prueba, de la que dan de beber a los verdaderos copistas para que confiesen el pecado de su inocencia y empalarlos, precisamente, por ello.

 

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pero cenixienta tuvo una vida y tiene, ahora, una muerte más que culpable.

 

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las cuatro campanadas de Herr Ico, batidas hasta el colapso por los vientos Siroco y Bóreas, terminaron por trizar el poco de fe que quedaba en ella.

 

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había, en cenixienta, espacio para la resurrección. eso estaba dado por sentado. estaba escrito en El Eclesial. por eso Sissi y Felipe II El Paciente guardaban, como una reliquia, su cuerpo, muerto y móvil, en el Palacio Monasterio de El Escorial. pero ahora, dado el mal paso, dado el pase, cenixienta recobra, por entero, los malos modos del ayer: olvida la fe.

 

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ella quería La ida hacia el Reino Mustelidae.

 

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pero ahora tendrá la tanza tensa de la transa con el peor postor.

 

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tendrá La Vuelta y oh, oh, otra vez, oh, no...

 

Agustina Perez (Buenos Aires, 1991). Autora de Caperuxita (Club Hem, 2021), Lecciones para los niños muertos de Bethlehem (La OAcina Perambulante, 2022), de Kraken Mare (Libros del Cosmonauta, 2024) y cenixienta (Editorial Nudista, 2025). Dirige y guioniza Un brillo de fraude y neón (producido por Estudio Fiord), largometraje sobre Osvaldo Lamborghini, que será su ópera prima en el cine.