Cinco poemas*
Lucía Bianco
Paleo río
-10.000
Lento.
Depositar sedimento,
esa parece su función.
Pero es una tendencia
más similar a la que esconden las venas
esta que mueve al paleo Río
Colorado en procesión.
Decanta lo que trae,
partes pequeñas hace siglos,
minerales rotos rodados y cristales
de poquísimos milímetros.
Eso trae. Pero insisto, hace siglos.
Lento.
Deja otra esquirla sin intención.
Deja cimas leves, que desmoronan. Acá
donde algún día será el fin
de lo conocido como Nación.
Ni eso ahora.
Astillas capilares
del paleo Río Colorado.
Cuando se usen las palabras para cantarlo
muchas ganas de hacerlo no habrá.
Paleo río: placebo de ríos de hoy,
nostalgia geológica que una madre
abre en la boca de su hija
una tercera dimensión.
El día que se usen colores para pintar cursos de agua
ya estarás en otro lado,
a que sí, asaltado desde un puente con ferocidad
por adolescencias de otra provincia.
De cada pizca distraída que dejaste,
en este sudoeste
de cada cría, surgirá
lo que sea que sintamos abajo de los pies
cuando intentando llegar a la marea
nos enterremos en el barro
cada marea que se va.
Primera tropilla
1.542
Nadie se acordaba de sus ancestros.
El ruido del galope sonó esa tarde,
hizo brotar un árbol de relámpagos púrpura
que inmediatamente enamoró
a toda la tribu de la escultura
antes del invento de la escultura.
Pasión que duraría siglos,
más que la tribu misma,
a costa de un solo aprendizaje:
dominar a otra especie fraterniza.
A pelo. Si hay cabresto, cabrestea.
Talonealo, que si no se da cuenta de tu miedo.
Tenés en la mano cuero
para decidir quién manda.
Cuando se escriba esto
nacerán generaciones que no toquen crin en años,
no sepan del resoplido caliente, de la lascivia
que despierta el trote bajo y nadie nombra
pero se extraña siempre.
Van a dibujar caballos sin responsabilidad, sin culpa. Menos.
No les va a latir lo caballuno
adentro cuando corran
porque no lo han sometido con distracción.
Relámpago mudo
1794
El sonido inaugural cuando cayó
esa moneda de plata, del valor de 8 reales,
contra el barro seco
podríamos suponer tuvo tal magnitud
que algo del orden de lo sísmico
vibró en todo corazón kilómetros a la redonda.
Pero daban menos ganas de levantarla que a un botón,
un buen botón de colores
de caracol tornasol
por el que una persona hubiese llegado
a empujar a otra persona.
Aunque en el fondo lo hiciera por amor
a distinguir en la mano algún tipo de excepción.
La renuncia
1.879
Voy a excluir varias lenguas de este mapa
dejar de mencionarlas.
Y así crear una mole infinita de dolor.
El dolor, tenés razón, es la única fuerza
que se crea del vacío.
Sin gasto y sin trabajo.
Alcanza no mirar, no escuchar
o no hacer nada.
Las cosas pinchan
1.931
Quién no tiene una tatarabuela muerta cuando un rayo atraído por su palangana de zinc
la atravesó una noche que salía a buscar agua buena para las plantas.
O quién no tiene un bisabuelo del grupo de carpinteros
que construyó el dique seco, por ejemplo.
O alguien campesino, costurera o panadero.
O si no, que nació en Yugoslavia o anarquista o dirigente sindical
o las tres cosas a la vez.
Quién no tiene algo que se haya olvidado, pero en el fondo reconoce
cuando toca la madera de una puerta centenaria y de repente
le dan ganas de llorar,
tan suavecita.
Saca una roseta de la llanta de la bici
y se acuerda en ese instante de lo más importante:
esto también es una semilla.
*Del libro Paleo río (N Direcciones, 2022).
Lucía Bianco (Punta Alta, Argentina, 1979). Es egresada de la Escuela de Artes Visuales Lino E. Spilimbergo, de Bahía Blanca. Entre sus libros se encuentran Preinsectario (Gog & Magog, 2003), Adornos (N Direcciones, 2018) y Paleo río (N Direcciones, 2022). Fue incluida en la antología 53/70: poesía argentina del siglo XXI (ES, EMR y CCPE/AECID, 2015), perteneciente a la colección Libros del Festival Internacional de Poesía de Rosario.