
Enrique Vila-Matas,
El Mal de Montano,
ISBN: 978-84-339-6835-7,
Editorial Anagrama,
2002, 320 pp.
Claudia Excaret Santos (Colima, México, 1998). Es licenciada en Lengua y Literatura Moderna Inglesa por la UNAM. Recibió el PECDA Colima 2024. Ha sido becaria de la European School of Literary Translation, Santander y el Hudson Valley Writers Center. Participó en las antologías Novísimas. República de poetas mexicanas (Los Libros del Perro, 2024) y Boundless (Festival Internacional de Poesía Rio Grande Valley, 2022 y 2024). Textos suyos aparecen en Casapaís, Primera Página, Letralia, Fleas on the Dog, La Poesía Alcanza, Hoja Negra, Red Noise Collective y en el blog Libropolis de la UNAM.
«Siempre he sentido que mi destino era ante todo un destino literario».
El mal de Montano, de Enrique Vila-Matas
Claudia Excaret Santos
El mal de Montano, de Enrique Vila-Matas, es un texto, como bien se presenta por Anagrama Editorial, «entre el diario íntimo y la novela, el viaje sentimental, la autoficción y el ensayo». Este libro se compone de cinco capítulos, a través de los cuales el narrador cambia, pero se mantiene: «el [...] doble del doble y así hasta el infinito en un extenso juego de espejos»; y el género se transforma y conserva. Lleno de citas, referencias y alusiones, El mal de Montano es literatura sobre la literatura, para la literatura, desde la literatura, que demuestra que, como Borges propone, hay destinos que son «ante todo un destino literario».
El español Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) «es uno de los más destacados escritores europeos del momento y está traducido a 29 idiomas» (Anagrama). Cuando este libro se publicó, Vila-Matas tenía ya más de 15 libros publicados. Desde entonces, este título cita literatura al por mayor, pues el narrador «[se] angustia [al] pensar que [su] destino sea acabar [convirtiéndose] en un diccionario ambulante de citas». Esta obra ha sido ya también citada por otros escritores contemporáneos, como Aura García-Junco en Dios fulmine a la que escriba sobre mí. Por lo tanto, en El mal de Montano, Enrique Vila-Matas nos da un libro permeado de literatura que ha conseguido ya el permear la literatura.
El narrador se presenta a sí y a su hijo, Montano, como enfermos de literatura. El padre, crítico, lector y narrador, está enfermo desde su «manía de verlo todo desde la literatura» y no puede apagar el ojo crítico y descansar de pensarlo y comprenderlo todo a través de las palabras de otros, volviéndolas suyas. El hijo está enfermo porque es, al comienzo de la historia, un escritor incapaz de escribir, lo que lo atormenta. Ambos están enfermos de literatura, como lo estuvo también el Quijote.
Montano no se considera enfermo, pero su padre, en cambio, parece buscar desesperadamente una cura. Busca cura para ambos y hasta parece que considera las penas del hijo como propias, al hijo una extensión de él y a la novia de Montano intenta pensarla como «la corriente de aire que elimine la enfermedad literaria de Montano y de paso, a ser posible, [la suya]». Esto se relaciona mucho con la temática de los dobles, que está también muy presente a lo largo del texto. El padre y el hijo, dobles, así como dobles también de una parte de cada libro que han leído. Tanto quería el padre sanar la pena del hijo por no escribir, que empieza a escribir él mismo, pasando de crítico a narrador y comienza un diario íntimo sobre su experiencia en busca de sanar.
En el texto, la enfermedad está ligada a la incapacidad, sea esta incapacidad de escribir o incapacidad de dejar de criticar y pensarlo todo como literatura. Pero la literatura no solo es enfermedad, sino que también puede ser cura, pues como en el texto se menciona, a Walter Benjamin le sugiere un amigo (representando una vez más que ninguna idea existe en el vacío ni es totalmente propia): «[existen] posibles relaciones [...] entre el arte de contar historias y la curación de enfermedades». Por lo tanto, El mal de Montano es la representación del trayecto de enfermedad, pero también del trayecto de curación.
El padre termina por nombrar el estar enfermo de literatura como «el mal de Montano». Y, en su búsqueda de dejar de estar invadido por literatura, se enfoca en un diario que va volviéndose cada vez más literario: «Me siento atrapado en las páginas de una novela que voy transcribiendo en mi diario». Además, en el presente fragmento resulta clave el uso del verbo transcribir, sugiriendo una vez más que no hay nada que sea completamente original. El diario cada vez es menos íntimo, lo platica como un proyecto: «Nos hemos pasado un buen rato del almuerzo hablando de este diario». Cada vez la elección de palabras va más allá de la mera presentación de los hechos, como se puede leer en el siguiente fragmento: «Lo que había empezado alegre a la luz de la luna llena». Incluso, empieza a llevar la artificialidad más allá de las páginas, a su vida personal: «La discusión la había planeado solo para este diario».
En el primer capítulo de El mal de Montano, Montano vence su mal escribiendo un cuento, pero la enfermedad del padre, al estar invadido de literatura, se extiende a tal punto que todo su ser se transforma en literatura. La enfermedad lo aísla de los otros aislándolo de la realidad ajena, así como al Quijote. Y el percibirlo todo a través de la literatura vuelve imposible que los demás comprendan esta percepción. Por ejemplo, cuando asegura haber encontrado al hombre que representa «la muerte de la literatura», su amigo le dice: «Pero si solo era un imbécil». Sin embargo, de la enfermedad viene, como con las vacunas, eventualmente, la cura, y así como Montano sana una vez escrito su cuento, el padre puede seguir adelante una vez terminada la novela, una vez liberando (como en eyaculación) todo lo que lo estaba invadiendo.