Libros y lecturas de Grafógrafxs
Iliana Olmedo
1. ¿Qué representa para ti un libro?
Todo libro es una promesa, la expectativa de una conmoción y una sorpresa. Un espacio que puede convertirse en un tesoro, un secreto o una revolución. También es un lugar al que volver, como una amistad añeja. Leer siempre es dialogar con otros, escuchar y aprender, ya sean visiones de mundo distintas o confirmaciones de miradas semejantes, un libro te tiende la mano y te espera hasta el momento en que decides adentrarte en sus páginas. Por eso hay libros de cabecera, de consulta, de viaje, de autoayuda, de texto…
2. ¿Qué autores jugaron un papel fundamental en el desarrollo de tu vocación?
Siempre empiezas siendo un lector y luego, más tarde, cuando la literatura ya te ha herido —en el sentido de que ser un asiduo a la literatura te convierte en un lletraferit, que en catalán significa instruido, pero que literalmente significa herido por la letra—, te conviertes en autor, decides escribir tus propias historias. Tres autores me incitaron a dar el salto de la lectura a la escritura, el primero fue Carlos Fuentes, a quien siempre he considerado un faro y, por supuesto, mi maestro. Desde su primer libro de cuentos, Los días enmascarados, que además publicó jovencísimo, realiza un análisis excepcional de la realidad mexicana y de la forma en que nos enfrentamos a nuestras contradicciones culturales, las cuales arrastramos desde nuestro pasado colonial. A lo largo de toda su obra ahonda en estas divergencias y cómo se han ido construyendo históricamente.
Así como Carlos Fuentes me ayudó a definir mi identidad social, el escritor israelí Amos Oz me convenció de que todas las historias merecen ser contadas. Con sus novelas, que son profundamente personales, me dio herramientas y seguridad para trazar mis relatos. Sobre todo, con su novela Una historia de amor y oscuridad, que es una suerte de autoficción en la que ronda la pregunta acerca de la causa del suicidio de su madre.
En último lugar, debo mencionar a la escritora española, Luisa Carnés. Ella nació en Madrid en 1905 y al terminar la guerra civil se vio obligada exiliarse a México, lugar donde murió en 1964 en un accidente en la carretera de Toluca. Al investigar acerca del exilio descubrí a esta narradora que con sus primeras novelas había tenido un amplio éxito antes de la guerra, pero que en el exilio fue olvidada. Así que dediqué mi tesis doctoral a rescatar su figura y su obra para reubicarla en el panorama literario tanto de México como de España. Al estudiar la trayectoria de Carnés y su trabajo, noté que existía una cultura femenina que había sido excluida de la historia de la literatura. No solo se eliminaba una identidad, sino todos sus temas y preocupaciones que, incluso, eran cancelados con categorías estables, como es rosa, es cursi, es femenina. Conocer estos modos del sistema cultural me permitió afirmar mi identidad como mujer a la hora de escribir y conseguir, finalmente, una autorización como creadora.
3. ¿Qué te han regalado los libros?
Leer me transformó. Soy una persona extremadamente tímida, es más, cuando era niña, la escuela les pidió a mis padres que me llevaran al psicólogo para que desentrañara la causa por la que no hablaba. La verdad, prefería escuchar. Como estaba aislada y tenía muy pocos amigos, de manera natural me acerqué a los libros, que pronto se convirtieron en mi refugio. Fueron mis interlocutores. Después, al conocer a otros lectores o estudiar literatura en la universidad, me dieron pertenencia, ya que me incluían dentro de un grupo que también leía, que intercambiaba lecturas y libros. Esa emoción de pertenecer a una secta especial la he afirmado varias veces después, cuando me han dado becas de escritura, por ejemplo, o cuando he dado talleres de creación. Es una sensación muy feliz.
Empecé a leer en serio a los diez años y desde entonces no he parado. Para mí leer forma parte central de mi identidad y le da sentido a mi vida. No me imagino de otra manera.
4. ¿Cómo te fuiste introduciendo en el mundo de la lectura?
Empecé a leer y a escribir muy joven, y mis primeros acercamientos a la literatura fueron de obras literarias infantiles, los grandes clásicos: Perrault, Andersen o los hermanos Grimm. Después encontré a Verne, Salgari, Ende, May Alcott. Empecé con Mujercitas y con mi mejor amiga de entonces, Nuria, leímos toda la saga. Teníamos nuestro mini-club de lectura de dos integrantes.
También exploré el librero de mi casa y encontré a Herman Hesse que, en ese tiempo, principio de los años noventa, estaba muy de moda. Mi papá atesoraba estas novelas en lo más alto de la estantería. Leí Bajo la rueda a los once y, aunque estoy segura de que no la comprendí en su cabalidad, recuerdo bien que me identifiqué mucho con el protagonista y lloraba a mares mientras presenciaba su caída en desgracia. Luego hice varias lecturas temerarias, como Rebelión en la granja, de Orwell, que me llamó la atención porque sus protagonistas eran animales —de hecho, ilustraban su portada—, pero ahí sí tuve que pedirle ayuda a mi papá para entender bien a bien los asuntos que abordaba.
5. ¿Qué libro que leíste en tu infancia sigue rondando en tu cabeza?
Soy una lectora asidua de Momo, de Michael Ende. Es un libro al que regreso constantemente. De hecho, entre mis aspiraciones como escritora siempre tengo al final del camino la obra de este narrador alemán. Me atrevo a confesar que busco causar en los lectores el mismo efecto que esta novela causó en mí. Su idea de que existe un mundo donde los hombres grises se nutren del tiempo que roban a las personas me ha rondado la cabeza desde el momento en que la leí. Para mí es la alegoría perfecta de nuestra realidad actual, en este mundo regido por el mercado, la compra y venta, la velocidad, la ley del fast food, del tik tok, el tiempo es nuestro valor más preciado. Hay que detenernos a observar cómo estas prácticas capitalistas determinan nuestra cotidianidad y oponernos a ellas.
6. ¿Realizas lecturas unitarias de autores —para captar su espíritu— o lees una novela de uno y otra de otro?
Me gusta ser una lectora aleatoria, trato de explorar diferentes estilos, latitudes, lenguas y momentos históricos. Siempre estoy atenta a los autores raros, que se mueven en los márgenes del canon o en las periferias del mundo editorial, no obstante, soy una lectora fiel a mis autoras y autores de cabecera. Regreso constantemente a mis viejos conocidos. Sé que ellos no me van a fallar. Todavía me quedan un par de libros de Fuentes a los que no les he hincado el diente, que descansan en la estantería a la espera del momento en que llegue a ellos. Los estoy reservando para no agotar toda la bibliografía de este autor que tanto admiro. Este acto yo lo veo como un esfuerzo por no dejar que se cierre una amistad. De igual manera, de Harry Potter, que hemos leído con nuestra hija en casa desde el volumen uno, hemos reservado los dos últimos tomos, porque no queremos agotar la saga.
7. ¿Qué libros has releído?
La literatura, como la investigación académica, se construye en comunidad, a través de tradiciones que se heredan o se comparten, así que estoy segura de que en mis libros debe haber muchas influencias, como diría el crítico Harold Bloom, pero no podría precisar cuáles de ellas tienen mayor peso. Pienso que las novelas de Luisa Carnés tienen, sin duda, un lugar y que mi visión histórica proviene de Fuentes. Así como de mi maestro Carlos Montemayor. Tuve el honor de ser becaria del Centro Mexicano de Escritores bajo su tutoría y de las mayores enseñanzas que aquel año me dejó fue que la documentación enriquece la narrativa y que ser escritor significa, ante todo, ser riguroso a la hora de escribir.
8. ¿De cuántos libros está compuesta tu biblioteca y qué podemos encontrar en ella?
Por razones laborales he tenido que leer muchas veces la obra de Luisa Carnés y cada vez que me acerco a sus novelas encuentro algo que me sorprende. Tea rooms, su novela más conocida, que ha sido reeditada recientemente por la editorial Hoja de lata en España, muestra el día a día de varias empleadas de una cafetería. A través de este mosaico conocemos la situación de la clase obrera femenina previa a la guerra civil y cómo este escenario era el caldo de cultivo para lo que ocurriría un par de años después.
También vuelvo sobre novelas que considero me serán útiles para desarrollar proyectos específicos de escritura o que mi esposo y yo queremos compartir al mismo tiempo para contrastar opiniones y puntos de vista. Hace poco releí Cien años de soledad, una novela que había leído a los dieciocho y que, a pesar de ser tan popular y conocida, no tenía tan fresca. La relectura se convirtió en una suerte de regreso a un lugar donde fui feliz. Recordé varias situaciones y personajes que atesoraba, me cautiva el caso de Remedios la bella, y descubrí otras, como el personaje de Camila Sagastume, alías la Elefanta, la maestra de canto que vence a Aureliano Segundo en un duelo gastronómico.
9. ¿Cuál es el libro que te ha impresionado más y por qué?
Como ya he dicho, yo solía ser una lectora de bibliotecas. Viví diez años en Barcelona, donde hice mi doctorado, y no podía comprar muchos libros, porque sabía que en algún momento iba a volver a México y no podría llevármelos. Con todo, traje 27 cajas de allá, todas llenas de libros y tuve que dejar ocho. Cuando me establecí en México empecé a construir una biblioteca en forma, pero ésta se multiplicó en el momento en que conocí a mi esposo, el escritor Vicente Alfonso. Empezamos a vivir juntos y reunimos nuestros acervos. Un par de años después, cuando nos casamos, decidimos hacerlo por biblioteca mancomunada y, de hecho, el día de nuestra boda regalamos a los comensales los ejemplares que teníamos repetidos. Así que tengo el privilegio de contar con una biblioteca más grande de lo que quisiera —tenemos libros en el baño, en el armario y hasta en la cocina. La verdad no los podría cuantificar. Ahí es posible encontrar una sección de poesía, otra de ensayo, estudios literarios e históricos y una de crónica, pero lo que predomina, como se infiere, pues somos novelistas, son las novelas, que organizamos en las siguientes secciones: mexicana, negra, del exilio, en inglés, francesa, latinoamericana, española y miscelánea. En cada una hay grandes bloques de ciertos autores. Mencionaré aquellos de los que, por lo que veo desde aquí, tenemos colecciones más extensas: Woolf, Fuentes, Oz, Poniatowska, Montemayor, Solares, Carnés, Cercas, Rodoreda, Lavín, Leñero, McCullers, Mendoza, Faulkner, García Márquez, Vargas Llosa, Twain, Revueltas, Campbell y Garibay.
10. ¿Cuál es el libro que te ha impresionado más y por qué?
Mentiría si hablara solo de un libro que me ha impresionado, pero sí puedo mencionar una de las novelas más ambiciosas del siglo XX mexicano que mayor huella me ha dejado: Terra nostra, de Carlos Fuentes. Es un texto cuya premisa busca demostrar cómo la construcción histórica de México nos condujo al punto en el que estamos ahora. Una realidad que parece inamovible, pero que se puede transformar en la medida que tengamos conciencia de estas formas que han perfilado al país a través de los siglos. Para esto sirve la literatura (en caso de que sirva).
11. ¿Qué significa para ti publicar un libro?
Para mí publicar siempre ha representado un reto. Nunca sospeché que la profesión de escritor exigiera tanto contacto social. Pensaba que ser médico, por ejemplo, exigía tener trato cotidiano con los pacientes, mientras que ser autor te permitía estar encerrado en único diálogo con textos escritos. ¿Cuál sería mi sorpresa al descubrir que parte fundamental de ser escritor es exponer tus puntos de vista en diferentes foros? Y no solo eso, sino que debes impartir cursos, opinar, dar charlas, presentar tus libros, todas estas tareas necesarias en el proceso literario. Además del punto de inicio: publicar, es decir, dar a la gente, hacer públicos, tus escritos. Desde mi timidez, he tenido que superar mi temor a dar a conocer mis textos, en primer lugar, porque si pretendía vivir de la escritura, necesitaba entrar al sistema editorial y, en segundo, para construir vínculos con los lectores. De esta manera, he podido comprobar que parte central de la creación es el diálogo con el otro. Diálogo que no sucedería de no ser por la publicación. Así que lo veo como un mal necesario, más necesario que mal.
12. ¿Con qué autores te nutres actualmente?
Acabo de terminar El diablo en el cuerpo, publicada por primera vez en Francia en 1923 y editada recientemente por la Secretaría de Cultura en México con una traducción del académico Héctor Vizcarra. Es una novela excepcional, que sorprende desde la primera línea. Narra la historia de François, un adolescente que seduce a Marthe, una mujer mayor casada, y los pormenores de su relación destructiva en el contexto de la primera guerra mundial. Yo no conocía a Raymond Radiguet. La única referencia con la que contaba es que se encontraba entre los favoritos de Federico Campbell, que fue maestro de mi esposo. Como soy una autora que explora las primeras etapas de la vida, Vicente me recomendó esta novela para que me ayudara a entender la psicología de este momento de formación, en el que se mueven varios de mis personajes, que es la adolescencia. Esta novela resultó ser un auténtico hallazgo. No solo por la riqueza del libro, cargado de reflexiones sobre la naturaleza del amor, más parecido a la crueldad que al afecto, y sobre la concepción de masculinidad, asociada con el dominio y la sumisión de las mujeres, sino también por la biografía de su autor. Radiguet publicó solo tres novelas, fue amante de Cocteau y murió a los veinte años. Ahora que escribo esta respuesta, caigo en cuenta de que una recomendación de lectura también propicia un diálogo con las personas que te lo recomendaron. Conversación que puede ocurrir incluso post mortem.
También estoy leyendo la obra completa de Mercè Rodoreda para emprender un proyecto que traigo entre manos.
13. ¿Qué tipo de libros te producen antipatía?
Trato de ser una lectora curiosa y tenaz, pocas veces he dejado inconcluso un libro, pero debo confesar que he abandonado un par de novelas de autores mexicanos contemporáneos por su falta de habilidad narrativa. Me parece que en estos tiempos hay muchos libros que se publican de manera precipitada y que de haber estado más tiempo en el horno tendrían mejores resultados.
También estoy leyendo la obra completa de Mercè Rodoreda para emprender un proyecto que traigo entre manos.
Iliana Olmedo (Ciudad de México, 1975). Es doctora en Filología Española por la Universidad Autónoma de Barcelona y forma parte del Grupo de Estudios del Exilio Español (GEXEL) de la misma universidad. Realizó estancias posdoctorales en el Instituto de Investigaciones Filológicas de Universidad Nacional Autónoma de México de 2010 a 2012 y en el Colegio de México de 2012 a 2014. Ha sido miembro del Sistema Nacional de Investigadores y pertenece al Sistema Nacional de Creadores. Ganadora del XV Premio Internacional de Narrativa Siglo XXI en 2018 y del Premio Nacional de Cuento Beatriz Espejo, 2012. Autora de la novela Chernóbil (Siglo XXI editores, 2018), de los libros de ensayo, Itinerarios de exilio. La obra narrativa de Luisa Carnés (Renacimiento, 2014) y Narrativas Periféricas. Historia e historiografía del exilio español (Peter Lang, 2019) y del libro infantil Salir del bosque (UAS, 2024).