Libros y lecturas
Diego Salomón Hernández García
1. ¿Qué representa para ti un libro?
El libro es para mí una posibilidad, no solo de mundo, sino de violencia. Me explico brevemente, creo que el lenguaje debe aspirar a dañar las cosas, a volver dúctil y maleable una realidad que antes se nos presentaba inflexible, sólida y total. El libro y la literatura es una revancha contra la vida, contra una realidad asfixiante porque supone una reconfiguración de los objetos mediante la revelación del idioma y el juego. Es una violencia dirigida (al menos debería serlo) contra aquello que nos oprime, un contraataque a la experiencia humana y a las ceñidas expectativas sintácticas y semánticas del idioma. Pero esta violencia en respuesta a la vida no es necesariamente de protesta, puede serlo, nada está despolitizado, claro, pero también puede surgir de un deseo de dañar las apariencias para sacarles el misterio. Implica una revolución del lenguaje, de la realidad con el desvío de sus formas y la puesta en escena de diferentes problemáticas que hacen cuestionar nuestro devenir social, todo exige una atención máxima para la victoria estética, pienso en lo que dijo Manuel Galich: «Lo malhecho es siempre contrarrevolucionario, se vista como se vista». La literatura y los libros están conformados por respiraciones, es acudir también al trabajo pulmonar de otra voz, son alientos trabajados en el ritmo, la cadencia y la sintaxis que nos recomponen, como si la realidad nos dejara igual a un reloj descompuesto y el libro nos invitara a quitar el pie del acelerador, a reparar nuestro ritmo. La literatura nos desacelera en la lectura y nos deja conmocionados después de terminarla.
2. ¿Qué autores jugaron un papel fundamental en el desarrollo de tu vocación?
Son muchísimos y seguramente cometa omisiones por mala memoria. Desde chico recuerdo mucho leer a Jaime Sabines, Mario Benedetti, Pablo Neruda, Pita Amor, Amado Nervo, Edgar Allan Poe, Federico García Lorca, Gustavo Adolfo Bécquer. Recuerdo mucho aprenderme de memoria muchos poemas, me gustaba jugar a recordar las palabras que más me agradaban, no sé bien de dónde pero recuerdo mucho el «Soneto inspirado en un cantar popular» de Vicente Ruiz Llamas, digo que no recuerdo porque Ruiz Llamas es un poeta muy poco conocido aquí y no sé bien de dónde lo habré sacado, pero me acuerdo que ese poema me dolía y me duele mucho. Estas primeras lecturas hicieron que me pusiera a escribir, obviamente poemas terribles y pueriles, pero que trataban de imitar cierta rima y métrica, son composiciones que me dan mucha pena. Fui creciendo y me di cuenta que tenía muchos vacíos en mis lecturas, entonces comenzó una obsesión que continua a la fecha de leer lo más que se pueda antes de morirme, de ahí han surgido autores que me han influenciado mucho: Fernando Pessoa (naturalmente), María Zambrano, Dolores Castro, Enriqueta Ochoa, Raúl Renan, William Butler Yeats, T.S. Eliot, William Carlos Williams, la generación de los Contemporáneos, los Estridentistas, Wystan Hugh Auden, Miguel de Unamuno, Juan Bañuelos, Jaime Labastida, Rosario Castellanos, César Moro, Manuel Ulacia, Marina Tsvetáyeva, Fabián Espejel, Alfredo R. Placencia, Concha Urquiza, Homero Aridjis, Octavio Paz, honestamente son muchos para nombrar (tan solo en poesía). Esta obsesión me ha permitido descubrir que nuestro país tiene una historia poética increíble, infravalorada y diversa. He tratado de recuperar esta tradición, también de ahí surge un gusto por colocar bastantes epígrafes en mis poemas. No me olvido también de poetas que me brindaron la oportunidad de entrevistarlos, platicar, convivir e incluso publicar gracias a ellos, sus obras, consejos y recomendaciones fueron vitales para mi formación, hablo de Guillermina Cuevas, Patricia Medina y Jorge Asbun.
3. ¿Qué te han regalado los libros?
Dolores de cabeza, la intensidad de lo leído, la posibilidad de replantear continuamente las ideas del mundo que me rodea, una obsesión por el lenguaje, la fantasía perversa de que cada suceso de nuestras vidas puede llevarse a la palabra, diversión, un gusto por la música de los idiomas y la oportunidad de hermanarme con mucha gente a partir de mis lecturas.
4. ¿Cómo te fuiste introduciendo en el mundo de la lectura?
Por mis padres, desde siempre han tenido la obsesión de que la lectura es primordial para una correcta educación ética y sentimental, de lo último estoy totalmente de acuerdo, de lo primero me permito la libertad de cuestionarlo. Recuerdo despertar en las mañanas, de muy chico compartía habitación con ellos, y los encontraba acostados, con lentes y en total silencio leyendo cada uno un libro, eso me llamó mucho la atención. Mi mamá cada que podía me compraba libros infantiles, si bien la mayoría me gustaba, yo quería leer los libros gigantes que ellos leían, no me lo permitían argumentando que no eran adecuados para mi edad. Un día, a escondidas, empecé a leer uno de los libros de mi papá: Azteca de Gary Jennings, no entendí muchas cosas y me aterrorizaron ciertas escenas que yo consideraba bastante violentas y dolorosas, pero de ahí vino una obsesión por leer muchos libros de historia de México. Fui haciéndome de una pequeña colección, me fascinaba, según yo, indagar en la vida de las gentes aparentemente importantes más allá de las fechas. También empecé a leer muchos comics, recuerdo la emoción de ir cada 2 semanas al puesto de periódicos por una historieta de Spider-Man, Daredevil y demás hombres musculados que combatían el crimen en spandex. También compraba los tomos de Porrúa de la familia Burrón, me gustaba la imagen y la edición en pasta dura. Ya en primaria comencé con la lectura de novelas y poesía, un día recité «Te quiero» de Benedetti y gané un concursito de oratoria interescolar, de ahí devoré todos los libros que mi mamá tenía de poesía, eso me hacía muy feliz.
5. ¿Qué libro que leíste en tu infancia sigue rondando en tu cabeza?
Hay muchos libros cuyas primeras y tempranas lecturas recuerdo con cariño por la sorpresa y el golpe que recibí emocionalmente al leerlos, ahorita recuerdo: la antología de Poesía mexicana de Porrúa (de la cuál anotaba mis autores favoritos en una libretita), Historia sobre un corazón roto y tal vez un par de colmillos de M.B. Brozon, el cuento de «La sopa de piedra» que venía en los antiguos libros de primaria de la SEP o La panza del Tepozteco de José Agustín.
6. ¿Realizas lecturas unitarias de autores —para captar su espíritu— o lees una novela de uno y otra de otro?
Creo que soy una persona muy obsesiva con las lecturas (y hasta patética), generalmente me gusta comprar las obras completas de los autores, si hay la posibilidad, para gastar menos y conocer una buena parte de su producción. Me gusta hundirme en la lectura e indagar sobre quien escribe, leo texto tras texto con mucho gozo y emoción. Hay un libro muy bello de Walter Benjamin, donde habla del surrealismo, en el que comenta que, debido a la emoción de la lectura, el ritmo de su corazón se acelera y debe apartarse del libro, muchas veces esa es la única razón por la que dejo de leer, por lo fuerte de la emoción. Cuando me clavo con un escritor ubico temporalmente su vida y obra en un pequeño documento enciclopédico que tengo para conocerlo más. Si no puedo conseguir las obras completas, es buscar y comprar lo más que se pueda con el dinero que consigo de becas y apoyos. Eso me pasó con Pessoa. Mi pareja, Karla, y yo compartimos nuestra biblioteca, conseguimos muchos libros y ediciones muy bonitas de la obra del lusitano y de muchas otras personas, eso nos ha dejado en diversas ocasiones en la ruina económica, pero en la prosperidad de la lectura y el cariño. Recientemente nos pasó con José Maria Eça de Queiroz, Hugo Argüelles, David Huerta, Vicente Leñero, Luisa Josefina Hernández y Salvador Elizondo.
7. ¿Qué libros están presentes en los tuyos?
A ciencia cierta, todos los que he leído. Creo que las palabras están indudablemente cargadas de una fuerza histórica, el lenguaje que uso y con el que escribo está forjado en la paciencia y el amor de mis padres, en las conversaciones con mi abuelo, en el juego continuo con mis amigos. Los libros y el círculo vivo de mis cercanos nutren, renuevan y expanden mi lenguaje y, en consecuencia, mis libros. Me gusta mucho también el posible diálogo que se puede encontrar entre mis textos y otros textos. En ese sentido, el epígrafe me parece una manera precisa de reconocer el eco que rastreo con mis palabras. Específicamente, en el caso de El tiempo que yo he soñado quise recalcar mucho eso, obviamente Pessoa está presente desde el título, pero también toda una tradición poética mexicana que quedó marcada por su literatura, hay versos extraídos de Hamlet o, por ejemplo, un epígrafe de Dolores Castro que refleja el proceso de creación de la obra.
8. ¿Qué libros has releído?
Mis libros favoritos: Don Quijote de la Mancha, Ulises de James Joyce, siempre vuelvo a El guardador de rebaños de Alberto Caeiro, Poeta en Nueva York de Federico García Lorca, Yo soy mi casa de Pita Amor, Milagro abierto de Jorge Debravo, Muerte sin fin de José Gorostiza, El manto y la corona de Rubén Bonifaz Nuño, Altazor de Vicente Huidobro, Ciego Dios de Alfredo R. Placencia… la poesía es lo que más releo, me gusta muchísimo, cuando no puedo recordar un poema y lo necesito, lo busco y suelo leerlo en voz alta. Creo que especialmente la poesía está para ser releída una y otra vez. Uno puede dar cuenta de lo acontecido en otros géneros literarios mediante un resumen, pero idealmente la poesía se debe citar.
9. ¿De cuántos libros está compuesta tu biblioteca y qué podemos encontrar en ella?
Como comentaba, Karla y yo tomamos la decisión de compartir nuestra biblioteca, es de ambos, apenas hicimos nuestro catálogo bibliográfico para saber cuántos libros tenemos, de quienes y de qué editorial. Todavía me faltan un par de muebles que me generan particular pereza, pero calculo, con los datos que ya tenemos, que contamos con alrededor de 500 libros. Naturalmente tenemos mucha poesía; pero también contamos con muchos textos de filosofía, sobre todo de fenomenología y la Escuela de Frankfurt; últimamente tenemos una necesidad de leer texto dramático; hay novelas esenciales de la literatura universal; tenemos bastantes epistolarios; bastantes obras completas o reunidas; coleccionamos los libros ganadores del Premio de Poesía Aguascalientes; hay teoría literaria, hay de todo un poco.
10. ¿Cuál es el libro que te ha impresionado más y por qué?
Afortunadamente no he perdido mi capacidad de impresionarme con las lecturas. Ahora mismo pienso en la primera vez que leí el Quijote; una de las mejores noches de mi vida consistió en leer sin parar Niebla de Miguel de Unamuno; Pessoa, siempre Fernando Pessoa; nunca olvidaré cuando leí a Julio Trujillo en el material de lectura de la UNAM poco después de saber que había fallecido; no dejo de pensar en la genialidad que es El hipogeo secreto de Salvador Elizondo, hace poco lo leí y me gusta más que Farabeuf.
11. ¿Qué significa para ti publicar un libro?
Es una nueva responsabilidad, es la materialización del proyecto, se tiene la obligación de entregar lo mejor posible, pienso mucho en las personas que invierten tiempo y dinero en leerme, me siento agradecido. Se abandona el texto y sale, desprendiéndose de uno y surgen emociones honestamente complejas.
12. ¿Con qué autores te nutres actualmente?
Estoy leyendo como maniático, mis fijaciones ahorita son mucha teoría como Jean Cohen; los libros de poesía que ha sacado el FOEM, apenas he leído a Carmen Nozal y Francisco Navarro; los dos tomos de Obras completas de Rosario Castellanos con motivo del centenario de su nacimiento; la poesía de David Huerta; el teatro de Rodolfo Usigli; el Diccionario crítico de la literatura mexicana de Christopher Domínguez Michael; y bastante Xavier Villaurrutia.
13. ¿Qué tipo de libros te producen antipatía?
Aquellos que considero cómplices de una visión mundana y rebajada que últimamente nos quiere entregar el mundo, por diletantes, en el sentido de que son obras poco comprometidas y superficiales. Esta antipatía me otorga el derecho a odiar lo que ideológicamente puede representar la producción y la materialidad de una obra, y es el pretexto perfecto para hablar de muchas problemáticas acerca de la lectura. Lo peor que puede pasar es que un libro que no nos haga ni cosquillas.
Diego Salomón Hernández García (Metepec, Estado de México, 2001). Estudiante de la licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas dela Universidad Autónoma del Estado de México. Ganó el Concurso Universitario de Literatura “Horacio Zúñiga Anaya” con el libro El tiempo que yo he soñado (UAEMéx, 2024).