ISSN: 2992-7781
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Libros y lecturas

Laiza Sabrina de la Torre Zepeda

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1. ¿Qué representa para ti un libro?

Para mí un libro no es sólo un objeto: es una forma de vida. Es una manera de habitar el mundo, y al mismo tiempo, de escapar de él. En sus páginas transito múltiples espacios, puedo adentrarme a otras voces, otros cuerpos, otras vidas, donde me puedo reconocer y reinventar. Un libro es creatividad y libertad, forma parte de mi vida porque me acompaña, me sostiene, pero también me cuestiona. Un libro me transporta a otros lugares, me devuelve a mí con nuevas miradas y la certeza de que imaginar es otra forma de existir.

2. ¿Qué autores jugaron un papel fundamental en el desarrollo de tu vocación?

Creo que mencionar a Alberto Ruy Sánchez es inevitable, porque su obra significó para mí un verdadero despertar literario y fue fundamental en la construcción de mi vocación. Mis proyectos de posgrado se enfocaron en torno a su escritura: primero me adentré a Cuentos de Mogador y Los jardines secretos de Mogador y más tarde en el Quinteto de Mogador. Fueron lecturas que no sólo estudié, sino que interioricé y disfruté profundamente, cada página abrió un espacio de intimidad y revelación. Ese encuentro me condujo hacia otras lecturas y tradiciones: la poesía sufí, mística y la literatura arábigo-andaluza, la voz ardiente de San Juan de la Cruz, la disciplina interior de San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios espirituales, la delicadeza amorosa de Ibn Hazm en El collar de la paloma, la sensual sabiduría de Jeque Nefzaqui en El jardín perfumado y la nostalgia luminosa de Ibn Zaydún en sus Casidas selectas. Todo ello amplió mi horizonte, me llevó a descubrir otras geografías, imaginadas y reales y despertó en mí una fascinación por la arquitectura árabe, entendida también como una forma de escritura del espacio y del deseo.

3. ¿Qué te han regalado los libros?

Los libros me han regalado un sentido de vida. No como una respuesta definitiva, sino como una posibilidad abierta, un espacio donde respirar y nombrarme. En ellos encontré refugio. Leer es una manera de sostenerme, de comprender que la vida puede ser leída desde múltiples formas. A través de la lectura he podido perderme en historias ajenas a mi vida, en voces y sitios que desconozco, para retornar a mí con una nueva mirada, porque cada libro es un viaje que trasforma. Los libros me enseñaron que la vida implica detenerse, observar, sentir, me enseñaron habitar la vida con claroscuros. Leer es un gesto de cuidado, una forma de volver a casa. Cada lectura me trasforma y me devuelve, un poco más cerca de quien soy.

4. ¿Cómo te fuiste introduciendo en el mundo de la lectura?

Cuando era niña, mi abuelo paterno solía leerme. Recuerdo con especial cariño aquel tomo de lecturas que formaba parte de su enciclopedia y que aún conservo; ese fue mi primer acercamiento al mundo de los libros. Más adelante, mi padre me regaló varios ejemplares: fábulas de Esopo, Jean de La Fontaine, Samaniego; Cuentos de la selva de Horacio Quiroga; Platero y yo de Juan Ramón Jiménez; el clásico El Principito. Aquel conjunto de libros despertó en mí una profunda fascinación por la lectura. Durante mis años de adolescencia, mis hábitos de lectura fueron intermitentes, retomé con mayor constancia ese gusto durante la licenciatura. Hoy en día, cada vez que me adentro a un nuevo libro, vuelvo a esa inquietud que nació en mi infancia. La lectura se ha convertido en una parte fundamental de mi vida cotidiana.

5. ¿Qué libro que leíste en tu infancia sigue rondando en tu cabeza?

Las fábulas fueron mi primer acercamiento a la literatura. De los libros que me regaló mi padre, Cuentos de la Selva era mi favorito, en especial la historia de «Las medias de los flamencos». Recuerdo con cariño un cuento de Hans Christian Andersen «Lo que empieza bien termina bien» también conocido como «Lo que hace el padre bien hecho está». Era una historia que me gustaba mucho, y que más tarde leí a mis hijos. Su enseñanza me sigue conmoviendo: la confianza y el amor hacia el otro demuestra que el verdadero valor está en lo que se comparte. Por otro lado, conservo el tomo XIII de la enciclopedia de mi abuelo, dedicado a la iniciación literaria. Abarca desde la lengua de Cervantes hasta el reino de la fábula, las leyendas, la mitología, los refranes y culmina con La Ilíada, La Eneida y La divina comedia. La forma en que mi abuelo abría ese libro para leerme un pasaje convertía ese instante en un momento verdaderamente mágico.

6. ¿Realizas lecturas unitarias de autores —para captar su espíritu— o lees una novela de uno y otra de otro?

Suelo ser una persona muy dispersa, ya que mi mente divaga con facilidad y pasa de un pensamiento a otro sin esfuerzo. Por esta razón, acostumbro realizar varias lecturas al mismo tiempo. Puedo leer un libro por la mañana y, por la noche, retomar la lectura de otro distinto. Lejos de confundirme, esta manera de alternar entre dos historias me resulta reconfortante, me permite seguir distintos ritmos. Pensar en dos mundos narrativos a la vez calma mi mente y ayuda a relajarme.

7. ¿Qué libros están presentes en los tuyos?

Actualmente me encuentro escribiendo en diálogo con una serie de libros que abordan el duelo por la madre. Están presentes autoras y autores como Annie Ernaux en Una mujer, Ana Navajas con su novela Estás muy callada, Belén Gopegui en Ella pisó la luna, Ave Barrera en Notas desde el interior de la ballena, Isabel Zapata con In vitro, Karina Sosa Castañeda en Caballo fantasma, Jane Lazarre con El nudo materno, Sheila Heti en Maternidad, Nuria Labari con La mejor madre del mundo, Paloma Valdivia en Nosotros, Albert Cohen en El libro de mi madre, Roland Barthes con su Diario de duelo. A ellos se suman los poemas de Esther Seligson y Patricia Medina y, por su puesto, el poema de Borges, Elegía del recuerdo imposible que dice: «Qué no daría yo por la memoria de mi madre mirando la mañana».

8. ¿Qué libros has releído?

Releí a Alberto Ruy Sánchez como parte de mis proyectos investigación. Sus libros, que en un momento me habían provocado un profundo asombro, se revelaron con cada lectura con la misma intensidad. Su obra, construida en forma de espiral, no se agota, la ciudad que conduce al deseo y se trasforma constantemente. La lectura me arrastró a ese territorio de imaginación, del cuerpo y sus intensidades, fue así como me sentí una sonámbula más, anidando la añoranza persistente por Mogador, caminando por sus calles laberínticas, como si fueran también las de mi propia memoria.
De manera paralela he releído la obra de Amparo Dávila: primero por el placer de volver a su escritura y después desde un enfoque académico. Esta segunda lectura se ha materializado en ponencias y un proyecto de investigación que busca establecer diálogos y contrastes entre su narrativa y poesía.

9. ¿De cuántos libros está compuesta tu biblioteca y qué podemos encontrar en ella?

No sé cuántos libros hay en mi biblioteca. Algunos me han acompañado desde la juventud, otros pertenecieron a mi abuelo. Con los años se han sumado muchos más: libros sobre maternidad en la literatura, obras escritas por mujeres, lecturas sobre neurodiversidad, temas que hoy conforman el centro de mi interés profundo. Cada libro marca una etapa, una pregunta, una búsqueda distinta. Por eso cada vez que un libro nuevo llega a mis manos me entusiasma como a una niña con un juguete recién estrenado.

10. ¿Cuál es el libro que te ha impresionado más y por qué?

Es una pregunta difícil, porque hay muchos libros importantes para mí. Pero creo que uno de los que más me ha impresionado es La divina comedia, compré ese libro cuando era estudiante de licenciatura y sentí una fascinación por los círculos del infierno, la manera en que describe Dante Alighieri esos espacios me marcó como lectora. También guardo un recuerdo muy especial de los cuentos de Amparo Dávila. En la biblioteca de la Facultad de Humanidades había un libro de la colección de Lecturas Mexicanas, Muerte en el bosque, que solía pedir prestado, su forma de narrar me atrapó de inmediato. Recuerdo haber pensado: si yo escribiera, me gustaría escribir como ella. Más adelante al leer la contraportada descubrí que había nacido un 21 de febrero, igual que yo, sentí una conexión todavía más cercana, como si su obra me hablara desde un lugar compartido.

11. ¿Qué significa para ti publicar un libro?

Para mi un libro representa un logro. Actualmente estoy escribiendo un texto muy íntimo sobre mi madre, que deseo publicar algún día, ojalá pronto. Continúo escribiendo en la medida en que mi tiempo me lo permite. Sin un cuarto propio la escritura se vuelve un acto complejo, pero intento ser más disciplinada, porque este libro es también un acto de liberación y una forma de honrar la memoria de mi madre.

12. ¿Con qué autores te nutres actualmente?

Ahora me apasiona la literatura escrita por mujeres: autoras como Guadalupe Nettel, Jazmina Barrera, Daniela Rea, Tania Tagle, Isabel Zapata, Elvira Liceaga, Elisa Díaz Castelo, Atenea Cruz, Ave Barrera, Ana Navajas, Piedad Bonnet, Pilar Quintana, María García Zambrano, Belén Gopegui, Gabriela Wiener, Silvia Plath, Sheila Heti, Annie Ernaux, Milena Busquets, Han Kang, entre otras.

13. ¿Qué tipo de libros te producen antipatía?

En estos momentos me cuesta acercarme a libros que abordan la violencia de manera cruda; me generan rechazo y una sensación de desgaste. Sé que la violencia forma parte de la realidad de nuestro país y del mundo, que nombrarla es necesario, pero hoy elijo nutrirme de otras historias. Busco lecturas que me sostengan, sin negar la realidad, encontrarme desde un lugar más amigable.

Laiza Sabrina de la Torre Zepeda (Toluca, Estado de México, 1981). Doctora en Humanidades en el área de Estudios Literarios por la UAEMéx. Realizó la Especialización en Literatura Mexicana del Siglo XX en la UAM–Azcapotzalco. Autora de diversos artículos. Sus líneas de investigación son la literatura escrita por mujeres y la escritura de la maternidad. Actualmente es investigadora de Estancia Posdoctoral en la Facultad de Humanidades, en la UAEMéx. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores del SECIHTI.