ISSN: 2992-7781
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Julieta Teresa,
Cartografía de una medicación,
México, Escrúpulos Editorial,
2024

Karla Cruz Jaramillo (Toluca, Estado de México, 2003). Estudiante de la licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx).


Sobre Devoro algo mmmuerto

Karla Cruz Jaramillo

 

«Cada cierto tiempo dejo de escribir para poder ahogarme», anuncia Lorena Aviña en el prólogo a Devoro algo mmmuerto (Escrúpulos editorial, 2023). Desde las primeras líneas, se revelan las intenciones poéticas de la autora: construir una obra cruda que explora las experiencias personales más dolorosas. Dividida en tres partes —Destazar, Engullir e Inhumar—, Aviña denuncia la realidad innegable de vivir en un cuerpo herido por la violencia, marcado por la pérdida y la imposibilidad de ser nombrado.

Desde Estalagmita (Periódico poético, 2023), su primera entrega ganadora de la Mención Honorífica del Primer Concurso Nacional de Poesía Periódico Poético, se mostraba el interés de la poeta en explorar estas mismas líneas temáticas desde una visión crítica y visceral. En una obra donde se prioriza la estructura y la experimentación visual, el lector podrá encontrar imágenes mutiladas, incompletas, pero eficaces al evocar el cuerpo destrozado, disminuido hasta lo ínfimo desde el juicio estético.

En Destazar, la voz poética disecciona minuciosamente la palabra en una sintaxis y un ritmo que dificulta la lectura a través de la repetición, figura clave en el génesis del dolor. Aviña cruza los umbrales de la memoria —como dicta la dedicatoria— y trae consigo el recuerdo de la disfemia, la sombra de su madre y la culpa. El trastorno del habla responde a dos hechos terribles: Dios como fuerza sancionadora y el silencio como única vía de sobrevivencia. El trabajo tipográfico, el uso del espacio y construcciones condicionales marcan el punto más alto del poemario, la evocación a una infancia marcada por la penitencia:

si mi cara no tiene e e espasmos, no la
ggolpeo si a a hablo bien, no me ccastigan
si no avergüenzo, no me e e esconden los
jjuguetes si me e e esfuerzo mucho, me dddan de
ccomer
si nnadie nota, sí e e eres mi madre.

El recorrido continúa con Engullir, un testimonio sobre habitar un cuerpo gordo, ubicado en los márgenes de lo normativo y obligado a desarrollar trastornos de la conducta alimentaria. Animalizado el individuo, desaparece la autonomía y queda a voluntad de la violencia: «Como todo es metafórico / imagino a mi cuerpo metafórico / siendo desmembrado y cortado en metafóricos pedazos». Acompañado de entradas de páginas de internet intervenidas, esta etapa se ve problematizada desde de la figura materna, el contacto con la muerte y el duelo; si bien la madre responde al origen del sufrimiento, la intromisión de poemas ya incluidos en Estalagmita rompe el carácter temático y formal de esta segunda parte.

Aviña advierte los estragos del terror vivido, el imposible olvido y el grito que desgarra en Inhumar. La voz poética se presenta, al inicio, desde la rabia, para después declararse testigo de su propio movimiento; gracias a la distancia que le otorga el presente, reflexiona sobre el pasado y la irreparable realidad. Con la falta de respuestas, formular preguntas es suficiente para resignificar y nombrar lo negado.

Devoro algo mmmuerto reconoce la crueldad que nace de estructuras que edifican un lenguaje destructivo y lo utiliza como materia poética que apela al pathos, a experimentar la herida. Así, finalmente, se da espacio al poema que atiende al título de este último apartado —enterrar un cadáver— y da fin a la serie de experiencias:

Pienso en tu muerte como un milagro de
vida me alivia saber que tu voz
no está para pesarme en los hombros


[...]


Mamá…
gracias por haberte muerto

es la única forma que tengo para decirte que te amo.