ISSN: 2992-7781
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Anaclara Muro,
Me creció una casa,
México, Grafógrafxs,
2025

Karla Cruz Jaramillo (Toluca, Estado de México, 2003). Estudiante de la licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx).

Sobre Me creció una casa

Karla Cruz Jaramillo

 

 

(porque en mi casa todo,
incluso la señal del deterioro,
me lanza sus anzuelos persuasivos)

JULIO TRUJILLO

«Hay que decir, pues, cómo habitamos nuestro espacio vital de acuerdo con todas las dialécticas de la vida, cómo nos enraizamos, de día en día, en un ‘rincón del mundo’» 1, expone Bachelard en un estudio fenomenológico de la imagen poética, de la casa como el espacio de la intimidad y a la poesía como medio para llegar a él a través de la ensoñación y la memoria. La casa se configura como un universo inabarcable que llama a la acción de la imaginación, de los recuerdos, de la continuidad, donde se resguarda la ilusión de estabilidad y centralidad.

En Me creció una casa se asiste a la lectura de una casa vívida que nace en el interior del ser y se multiplica en todas sus variaciones: la casa familiar, la de la infancia; la que se vive desde la soledad y la compartida por la violencia; la sometida por el problema de vivienda en México y los conflictos que se presentan en la vida independiente. El lector encontrará una construcción del hogar dividido en cinco partes —Terraza, Sala comedor, Baño, Habitación y Cocina—, donde el trabajo íntimo de Anaclara Muro nos abre la puerta para reconocernos en él, en la reflexión ante la catástrofe y las formas de habitar un espacio sujeto a un contexto apremiante.

El poemario abre en el único lugar en que la casa y el exterior conviven. Terraza arranca con la voz poética meditando, viajando al interior solo para falsear una actividad paliativa que denuncia el hartazgo y presenta la esperanza como el último recurso al cual sostenerse cuando las preguntas no encuentran respuestas: «qué hacemos con la idea de patrimonio / metida en la sangre / con la esperanza de que algún día la herencia / y los sueños de / encontrar el lugar al que perteneces». Así, la segmentación de la casa organiza la experiencia del individuo y el diálogo interno incesante que anuncia la caída.

En concordancia con lo expuesto por Bachelard, Muro sensibiliza los límites del hogar en función a su realidad, a su noción de casa que devela reminiscencias del habitado en la niñez, del conjunto que ahora invade su cuerpo y se traduce al deseo inapelable e irrealizable:

Nadie entiende que tengo que sacudirme esta casa
y sacarla y saber que existe y tocarla
y cocinar en ella y sentarme en el piso
pero se me queda adentro y me asfixia
y pienso que ya casi
que pronto
si todo sale bien

La violencia del afuera ocupa un lugar en las entrañas del espacio y lo determina, por lo que la resonancia de las imágenes que nacen de la voz poética va en función de esta. La ensoñación se manifiesta en la recopilación de las moradas, de los objetos que las nutrían y cómo en el presente adulto se han visto perturbados: los muebles, las ventanas y las paredes que albergan odio y putrefacción; las sillas, los vasos y platos testigos del horror. Lo anterior es evidente en la cuarta parte, Habitación, reservada para la relación amorosa que ejecuta la agresión.

En Cocina, finalmente, se condensan la actividad de la memoria, el registro del cansancio en el cuerpo y las figuras familiares femeninas. En su texto «¿Por qué escribo?» Muro resuelve que su escritura se construye en función de sus antecesoras y su manera de estar en el mundo: «Pero no podría hacer nada de todo esto si no fuera por todas las mujeres que antes de mí se dedicaron a lo que les gustaba. Cómo se me hubiera ocurrido ponerme a escribir sin ejemplos de mujeres que decidieron su propia vida»2; resulta revelador la mención de la mesa su abuela, heredada por azar, y la felicidad que supone saberse autónoma. Si la casa se presenta como fuerza devoradora del cuerpo, es oportuno que el poemario cierre con las consecuencias de la vorágine:

Piensas que apenas tienes treinta años y ya te duele todo, que ya tienes treinta años y no has hecho nada, el tiempo se fue en cualquier cosa y todos los planes, que ordenaste de manera minuciosa en una torre altísima y tambaleante, se derrumban sin que puedas agarrarlos […] ¿Cómo le avisas a esa niña de quince que se imagine que el futuro es una cosa incomprensible?».

Me creció una casa de Anaclara Muro —ganadora del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2025— constituye la exploración del espacio y su habitar desde una visión íntima que expone las implicaciones sociales y políticas del acceso a la vivienda. Al igual que en producciones anteriores, Muro prioriza una mirada crítica con perspectiva de género que determina la reflexión de la experiencia y su construcción poética.

 

 

1 Bachelard, Gastón: La poética del espacio. Fondo de Cultura Económica, México, 2020, p. 28

2 Muro, Anaclara: «¿Por qué escribo?». En Por qué escribo. Gris Tormenta, México, p. 106