
Luis Cardoza y Aragón,
Maelstrom,
Guatemala,
Catafixia Editorial, 2020,
120 pp.
Augusto Munaro (Buenos Aires, Argentina, 1980). Narrador, poeta, traductor, editor y periodista. Ha publicado más de cincuenta libros; los más recientes son: Pequeño museo de la historieta (2025), Black María (2025), 7 misterios (2026) y Un extraño amor (2026).
Una vanguardia en movimiento
Augusto Munaro
La editorial guatemalteca Catafixia presentó su colección No-Tiempo, dedicada a recuperar obras fundamentales de la tradición literaria centroamericana. Entre ellas ocupa un lugar central Maelstrom: films telescopiados (1926), de Luis Cardoza y Aragón (1904-92), uno de los libros más radicales y menos convencionales de la vanguardia hispanoamericana. Escrito durante la estancia parisina de Cardoza y Aragón y publicado en un contexto marcado por la eclosión del surrealismo, el auge de las artes de vanguardia y la consolidación del cine como nuevo lenguaje de la modernidad, Maelstrom aparece acompañado por un prólogo de Ramón Gómez de la Serna, figura clave de la renovación estética en lengua española. La presencia de Gómez de la Serna no constituye un simple gesto de legitimación editorial: sitúa la obra dentro de una constelación internacional de búsquedas formales que cuestionaban las convenciones narrativas y poéticas heredadas del siglo XIX.
El subtítulo, films telescopiados, ofrece una clave de lectura decisiva. Cardoza construye el libro mediante procedimientos próximos al montaje cinematográfico: fragmentos, asociaciones abruptas, desplazamientos de perspectiva e imágenes encadenadas que producen una sensación de movilidad constante. Más que narrar una historia, el texto organiza una sucesión de visiones. La escritura abandona la linealidad para explorar un espacio donde sueño, memoria, humor, deseo y percepción urbana conviven sin jerarquías estables. En este sentido, Maelstrom puede considerarse uno de los primeros intentos plenamente logrados de trasladar a la literatura hispanoamericana las posibilidades expresivas abiertas por el cine y las vanguardias europeas.
La comparación con Oliverio Girondo y Vicente Huidobro resulta inevitable. Como Girondo, Cardoza comparte la fascinación por la modernidad, la libertad imaginativa y la ruptura con las formas tradicionales; como Huidobro, concibe la imagen poética como una fuerza creadora autónoma. Sin embargo, Maelstrom desarrolla una voz singular. Allí donde Girondo suele apoyarse en la ironía y el dinamismo urbano, y donde Huidobro persigue una construcción verbal rigurosamente creadora, Cardoza introduce una deriva más fluctuante y visionaria, cercana en ocasiones a la lógica del sueño y a las asociaciones propias del surrealismo naciente.
Vista desde la perspectiva actual, la importancia de Maelstrom supera ampliamente su recepción inicial. Muchos de sus procedimientos —la fragmentación, la mezcla de géneros, la sensibilidad cinematográfica, la escritura asociativa y la exploración de zonas limítrofes entre poesía y narrativa— anticipan desarrollos que adquirirían mayor visibilidad en la literatura latinoamericana de las décadas posteriores. La obra ocupa así un lugar de precursor dentro de una tradición experimental que va mucho más allá de los límites históricos de la vanguardia. Casi un siglo después de su publicación, Maelstrom conserva intacta su capacidad de extrañamiento y confirma a Luis Cardoza y Aragón como una de las figuras más originales de la modernidad literaria en lengua española.