ISSN: 2992-7781

La cantera (Notas del tiempo)*

(fragmentos)

 

Santiago Sylvester

Nota del autor

Estas notas, escritas a lo largo del tiempo, son reflexiones, citas de autores, algún recuerdo o meras ocurrencias: lo dominante es la peligrosa espontaneidad.

Predomina el desorden; hablar de caos sería excesivo. Que así sea; es el reflejo más fiel de una vida. Toda vida es desarreglada mientras se la va viviendo; si existe algún orden, vendrá después, cuando se la recuerde.

La nomenclatura de Cuaderno a cada parte y su numeración son arbitrarias: estas notas fueron escritas en libretas de bolsillo y son bastante más. Forman parte de una cantera para uso indeterminado: un poema, un cuento o un ensayo; un destino que efectivamente algunas tuvieron.

Augusto Monterroso, en Lo demás es silencio, hace decir a la mujer de un escritor, hablando de su marido: «Cuando no se le ocurre nada, escribe pensamientos». Podría ser este el caso.

 

Cuaderno 1

La imaginación es limitada. La gente se divierte de la misma forma y se aburre por las mismas razones.

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No se puede decir «he sido feliz» sin piedad por uno mismo o sin hacer literatura.

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«Mejorar al hombre, pero no con sermones: nada de didactismo en la poesía», Defensa de la poesía, de Shelley.

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La vida es soportable porque se la vive de a poco.

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En el teatro los actores hablan y actúan para otros, pero es lo que no debe notarse.

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A la poesía le conviene la sobriedad del buen cazador: un balazo por pieza.

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Cuando se vive en una ficción, es a expensas de la realidad de alguien.

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Una opinión al día es demasiado.

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Discutir con quien se está de acuerdo es impensable; con quien se está en total desacuerdo, inútil; solo es fructífera la discusión con quien se está casi en desacuerdo.

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La muerte asusta por culpa de la estadística.

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Con las mismas personas se habla siempre de las mismas cosas.

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La poesía y el cuento son vecinos, pero vecinos de barrio. Viven cerca, pero no en la misma casa.

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… esas pequeñas vanidades que usamos para compensar (mal) una vida mediocre.

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Las palabras no deben tapar el objeto que mencionan, sino facilitar que se lo vea. Que no se sobrecarguen de sí mismas.

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Conozco tres clases de «bohemios», seguramente hay otras: 1) Los bohemios ficticios, gente rica que compra una boardilla encantadora, la acondiciona y juega a la vida más o menos loca y controlada. En París les llaman «bobó» (viene de bourgois-bohème). 2) Los bohemios a plazo fijo, becados por alguna institución, a menudo por sus padres, o con trabajos ocasionales: muchos estu-
diantes universitarios, por ejemplo. Deambulan ruidosos, cam-
bian de pareja y tienen razón de estar alegres. Su bohemia termina con la beca o con el título. 3) Los de verdad, que comen mal, pasan frío y quieren dejar de ser bohemios. Detrás de todo bohemio existe la esperanza de dar un batacazo.

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El que pregunta es el que manda: esto lo sabe cualquier sumariante de la policía.

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Una vida «completa» (autosatisfecha) no facilita la creación artística. La literatura parte de una cierta incomodidad, del hecho de sentirse «incompleto»; es la búsqueda de un pedazo que nos falta.

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Diferencia entre un gran escritor y un buen escritor: los primeros marcan una zona propia e identifican sus fantasmas; los segundos lo hacen con menos nitidez o directamente no lo hacen. Es fácil detectar lo borgeano de Borges, lo kafkiano de Kafka, lo lorquiano de Lorca o lo rulfiano de Rulfo; pero no siempre en otros escritores: buenos, pero no tanto.

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El psicoanálisis produce mala poesía cuando confunde poesía con catarsis: el resultado suele ser una confesión pública con lenguaje dramático y derrame seminal.

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Toda frase bien construida tiene algo de verdad. Cuidado con lo que se dice.

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Un niño terrible: pensé en lo que le espera al padre cuando llegue a la edad del parricidio.

 

Cuaderno 2

Los planes de futuro sirven para entusiasmo del presente.

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Un poco de conocimiento puede volver insoportable a un tonto.

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Cuando Xul Solar se casó, le regaló a su mujer el Este. ¿Ella lo habrá aceptado?

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«La realidad es una locura inventada por la falta de alcohol»: leído en una pared del metro de Madrid.

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Mirar con atención es aislar.

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Un oportunista tiene algo de ventrílocuo: habla por el estómago.

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La ignorancia abarca grandes zonas del conocimiento. Juan de Mairena cuenta que alguien había aprendido tantas cosas que no había tenido tiempo de pensar en ellas.

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«Lo poético» en poesía es una antología de lugares comunes que no han sido renovados.

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La gran modificación de Eliot y Pound es haber creado otro tipo de lector: el que puede estar pendiente no solo de lo lineal de un poema, sino de lo estructural y registra los picos de intensidad que convergen en una situación compleja.

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La afirmación de Mallarmé de que la poesía se hace con palabras (respuesta a Degas, cuando este se quejaba de no poder escribir un poema a pesar de estar «lleno de ideas») tiene réplica en el propio Mallarmé: «Pintar, no la cosa, sino el efecto que produce. El verso no debe, por consiguiente, componerse de palabras, sino de intenciones, y todas las palabras borrarse ante la sensación». (Carta a su amigo Cazalis, de otoño de 1864, un «domingo por la tarde»).

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«La poesía es el lenguaje en un estado de crisis», Mallarmé.

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Una búsqueda obligatoria del poeta consiste en encontrar tiempo para escribir: un trabajo que le permita no tener que gastar en él todo el entusiasmo, los mejores momentos, la fuerza creativa. La poesía tiene por detrás una lucha por la subsistencia.

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Un amigo explicaba que su primer trabajo como escritor consistió en convencer a su padre de que él era escritor. Una buena praxis, hay que terminar convenciendo a todo el mundo.

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«No tengo más principios éticos, sino viejas manías», Juan Rodolfo Wilcock en una carta.

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Vicente Huidobro opinaba de un actor: «Es tan mal actor que cuando tiene que llorar, llora de verdad». Comentario que puede aplicarse a la literatura confesional: un escritor es tan malo que cuando tiene que contar su intimidad, la cuenta. La vida contada en crudo, para conmiseración del mundo, es pre-literaria. La literatura tiene que convencer literariamente, no «humanamente».

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Derek Walcott habla de un personaje de Hemingway: «Es un hombre privilegiado, pero, como sucede con los artistas, sus privilegios son heridas». Una frase que recuerda el arranque del Diario argentino de Gombrowicz: se siente expulsado del mundo y dice que entendería su castigo si fuera por sus defectos, pero lo sufre por sus virtudes. Es la idea de amputación que está en el aire del arte.

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«La juventud no lee ni siente interés por lo que los mayores entendemos por cultura». Un amigo defendía así que los jóvenes no lean filosofía, poesía, literatura en general y se dediquen al conocimiento aplicado: marketing, computación, tecnología, etc. Encuentro varios errores:

Primero: hablar de «la juventud» y sacar conclusiones del tipo «los chinos comen arroz» o «una imagen vale por mil palabras». Alguien contestó cuando le preguntaron su opinión sobre los etruscos: deme nombres. A la juventud la tratamos al bulto, como a los etruscos.

Segundo: creer que la literatura, la filosofía, el arte en general, tienen algo que ver con los años o la demografía. Si Tolstói hubiera estado pendiente de cuántos lectores tenía o cuántos jóvenes se interesaban por él, no hubiera escrito La guerra y la paz ni Ana Karenina. O si Góngora hubiera tenido en cuenta que en la España que le tocó solo sabía leer el 2% de la población, no se hubiera tomado el trabajo de escribir las Soledades.

Tercero: olvida que la cultura, en general, ha servido para civilizar la condición humana. Y sigue siendo así por ahora.

Santiago Sylvester (Salta, Argentina, 1942). Ha publicado más de treinta libros de poesía, cuento y ensayo, tanto en Argentina como en España. Sus libros más recientes de poesía son La conversación (Visor, 2017), Llaman a la puerta (Ediciones del Dock, 2019), Ciudad (Pre-Textos, 2020), así como Tal vez llegue caminando (Barnacle, 2024); y de ensayo, Sobre la forma poética (eudeba, 2019) y Estar de paso (Visor, 2022). Es miembro de la Academia Argentina de Letras y correspondiente de la Real Academia Española.