Lego la nada a nadie
El Suicida, Jorge Luis Borges, (1975).
Esta serie de acuarelas son los últimos apuntes que el pintor dejó antes de morir entre las páginas del último libro que leyó: Ephimera Imago. Trazos, anotaciones, secuencias numéricas llenan el papel que sugieren ser reflexiones sobre ese misterioso libro. Las relataré tal como él quiso que fueran relatadas.
Acuarela 1
El artificio
El mundo es una ficción dentro de la ficción. El narrador de Las Barbas del diablo no sabe cómo narrar la historia. El narrador de Ephimera Imago no tiene nombre, la primera persona le funciona para representar el mundo, un mundo fragmentado, lleno de otras voces que intervienen y lo complementa, pero al mismo tiempo lo apresuran al fin. El narrador ya es una construcción, no es natural, es invención, un mecanismo. En ese sentido Ephimera Imago nos plantea un laberinto. Esto quiere decir: una construcción artificial, una simulación. Desde el primer momento nos enfrentamos con una puesta en escena, con un recorrido circular que comienza en el fin. Comienza en el fin como la vida. Vemos una exposición fotográfica de momentos ordenados por una voz invisible. La clave está en la guía de exposición. La novela es una exposición. Quiero que se vea de esta manera: en la primera acepción exponer es «presentar algo para que sea visto» y en la séptima acepción de la RAE es: «someter una placa fotográfica o un papel sensible a la acción de la luz para que se impresione». En el enlace de la exposición entre lo que se muestra y lo que se revela está Ephimera Imago. Es ahí donde radica una de sus bellezas.
Acuarela 2
El ojo de cristal
Moisés invocó al ángel de la muerte con el verbo. Hizo que Abaddon inundara Egipto, hizo que las langostas, sus ciervas, llenaran el aire con sus corazas crujientes. Este ángel invoca a la muerte desde una cámara Polaroid. Quizá estaba marcado el destino mortuorio de la cámara que diseñó Edwin H. Land en 1935; lo digo porque Polaroid fue utilizada por el ejército estadounidense durante la segunda guerra mundial.
Apunte del autor al margen de la acuarela:
La cámara como dispositivo tecnológico en la construcción del sujeto narrativo […] pone en juego la relación entre arte, sujeto y realidad. Esta conexión está mediada por la técnica, específicamente por los aparatos como la cámara fotográfica (…) que funcionan como filtros que hacen imposible una representación transparente de la realidad, y que son capaces de imponer sus propios modos de ver, provocando el cuestionamiento ético y la muerte simbólica del sujeto que representan.
La Polaroid es el portal. Si podemos perpetuar la vida, ¿por qué no la muerte? Si Nobuyoshi Araki fotografía con su Polaroid (y con ello mantiene para siempre) a mujeres desnudas en el paroxismo del orgasmo del shibari ¿por qué no perpetuar el pacto, la condena de muerte? Vi un reportaje sobre bombardeos por medio de Drones. Asesinar a distancia. La muerte es la misma ¿será la misma si se ve desde una pantalla? ¿Qué distancia guarda el homicida que aprieta el botón y el destello de la muerte se posa sobre la solitaria figura de la víctima? ¿Es real o la representación de la realidad desde un complejo sistema de lentes y algoritmos?
Segundo apunte del autor al margen de la acuarela:
[…] (los estímulos visuales y las tecnologías son parte constitutiva del escenario urbano de la modernidad)
Moisés invocó (llamó, clamó con la palabra) a Abaddon. En Ephimera Imago es la luz y el mecanismo quien invoca a la muerte. En 2003, Takeshi Obata publica Death Note. La oralidad de la plegaria se transforma en la palabra escrita. Hay tecnología en la escritura. Es la libreta el portal hacia la muerte. Veintidós años después ese vórtice, amuleto, clamor es atreves de una Polaroid. La tecnología (retro en este caso) es la herramienta de la muerte.
Acuarela 3
Autorretrato
Según R.P. Vernet hay seis categorías principales de homicidio. Por disfrute, asesinos que matan por placer. Por contagio, la sangre llama a la sangre. Por impulso, una actitud descontrolada, violenta, irreflexiva. Por prejuicios, el duelo, la vendetta, el crimen de honor, todo lo que corresponde a un código muy particular. Por cobardía, cuando son víctimas seres vulnerables. Por desequilibrio, cometidos por personas impulsivas pero psicológicamente frágiles… perversos, paranoicos; la exaltación patológica, la idea fija, la falsedad del juicio (racionalismo morboso). B. Castets en La mort de l’autre dice que «matar y ser muerto se aproxima. Matar es destruir la mala imagen de sí en él. Matarse, destruir en parte al otro de en nosotros». El narrador de Ephimera no tiene nombre. Sólo la última foto revela su rostro. La revelación conlleva la muerte. Sí, cómo último acto, destruir la mala imagen. ¿Qué trazos limitarán la naturaleza del hombre mortífero? ¿Cabrá su obra en alguna categoría del homicidio o en todas o en algunas? ¿El hombre mortífero es unidireccional? Queda claro que el protagonista de Ephimera Imago no pude ser Holden Caulfield de El guardián entre el centeno, ni siquiera en su etapa adolescente; para entonces nuestro fotógrafo ya era un asesino y Caulfield un riquillo insoportable.
Acuarela 4
Enamorado de la muerte
Una hermosa hebra de luz aparece en las fotografías tomadas por la Polaroid. Es una hebra de luz en forma de mujer o viceversa. Es un fantasma, la imagen de la anunciación, el ligero movimiento de sus cuatro brazos, ¿Kali o el movimiento de Kali? Muerte, emisaria, fuerza primordial. Matar por verla. El amor generador se trastoca en Ephimera Imago y es el amor el que aniquila. Esa bella luminiscencia que anuncia la muerte de los fotografiados es, al mismo tiempo, el objeto del deseo y la tumba. En 1987 una banda punk de Mondragón, en el país Vasco, publicaron un disco llamado «No te muevas». Ahí aparece una canción llamada Enamorado de la muerte. Todos los integrantes de RIP están muertos. Karlos Mahoma Agirreurreta cantaba:
Yo ya tengo novia
la encontré mi amor.
La otra noche la besé
en un callejón
es alta y morena
siempre está en mi mente
su sombre me volvió loco
su nombre es la muerte.
Acuarela 5
Las espinas del rededor
¿Cómo se construye un hombre mortífero? Luis-Vicent Tomas en «Antropología de la muerte» sostiene que cualquiera puede convertirse en verdugo. Le creo. Mi padre era horrendo. Estoy seguro que me contribuyó a mi monstruosidad como el padre del hombre de la Polaroid de esta novela. Uno siempre mata a su padre. Yo lo hice como un símbolo, lo pinté hasta el cansancio. Qué bello, la utilidad única del arte es el homicidio de lo que amamos, pero no soportamos. Pero también sus amigos lo hicieron, hicieron al hombre mortífero. En la infancia hubo una inocencia homicida al matar a su abuelo y abuela; pero después, con los años, el protagonista se convirtió en un vengador, espejo de la podredumbre. Violentadores, adictos, asesinos, pasaron por su lente. Todos clavos de un ataúd que le han llamado humanidad. ¿Qué ángel vengador, que justiciero no ha explotado hasta la aniquilación de sí? La única espina que no me deja en paz es Alejandro. ¿Por qué un maltratador de animales como él quedó vivo? ¿Habrá un pase mágico? ¿Hay magia o locura o ambas? ¿Acaso la magia no es el pacto con la demencia suprema?
Apunte del autor al margen de la Acuarela:
H.V. Dickers en Le meurtres colectifs dice que «los esfuerzos personales racionales y la capacidad de controlar los acontecimientos parecen impotentes, volvemos a los remedios mágicos de una imaginación todopoderosa».
Acuarela inconclusa
De esta acuarela sólo se pudieron rescatar algunas ideas sueltas y un verso repetido obsesivamente. Los estudiosos del autor sostienen que esta aguatinta en particular es su carta suicida. Aparece en el apartado llamado Acropsia de Ephimera Imago. Su trazo es histérico y desordenado.
«Esta muerte parece ser solo superada por la escritura que, a diferencia de las imágenes, es la única capaz de narrar o dar sentido a los acontecimientos».
Repite una y otra vez:
el fatalismo de un hombre que murió
amando lo que no debe ser amado.
Los apuntes de la acuarela fueron tomados de: De Fotografía, cine y traducción en «Las babas del diablo», Valeria de los Ríos, Universidad Diego Portales, Revista chilena de literatura, Abril 2008, número 72, 5-27.
*Este texto fue leído en la presentación del libro Ephimera Imago (Musas Muertas, 2025) de Nattig Gómez Robledo y simula la estructura de esta novela, que se forma a partir de una exposición fotográfica.
