ISSN: 2992-7781

Foley o la travesía de los vagabundos de la bruma, un libro de cuentos de Aldo Rosales Velázquez

Alonso Guzmán

Los dioses siempre ayudan a los hombres que se ocupan en labrar su perdición.

Esquilo

 

 

Efecto Foley: grabar el sonido de un motor de Volkswagen para simular el latido del corazón humano

Ahí se ve claramente el gozo de la máquina narrativa, como constructo, como detallado plan. Quiero aclarar que es ese mecanismo el que plantea desde el principio el universo de Foley; cada una de sus partes están trazadas para construirlo. Son, pues, el instructivo y el objeto. Tengo, por lo pronto, estas instancias:

La madre fingidora.

El padre ausente.

La madre enferma.

Y el ocaso.

Foley es el registro minucioso del fracaso y me gusta porque yo no creo en las glorias de la especie ni en heroísmos. Así, Aldo nos lleva de la mano hacia el laberinto de existir y simular, porque, lo sabemos, somos la simulación de nosotros, somos el esfuerzo por no demostrar lo que somos y Foley, con su naturaleza maldita, nos regala el relato de ese reflejo, como Bacon regala su autorretrato en movimiento. 

 

Efecto Foley: grabar el sonido de los barcos en el puerto para representar el crujido de una rodilla

Tengo la fortuna de leer a Aldo y puedo alardear de conocer su prosa, por ahora. Una de sus virtudes (tiene muchas) es el tacto (tacto fino) para contar varios conflictos a partir de una escena cotidiana. Así, puede hacer de sus amados interiores (dentro de autos, sobre todo) una rigurosa reflexión del pasado, de la vida y de la muerte. Hay en él un virus cinematográfico, imprudente y riguroso. Le basta que Patricia cruce la pierna para mostrarnos ese mundo. En su afán los detalles dotan a su universo de profundidades pocas veces logradas. Quizá me lance al escándalo, pero para mí la mirada en retrovisor, las dos copas llenas, la cabeza recargada en el asiento de atrás nos acercan a esos personajes que apenas se forman frente a nuestros ojos. En la narrativa, e impertinentemente en la vida, solo somos detalles.  

 

 Efecto Foley: grabar las arcadas de un ebrio para simular el crujido de un beso

Recapitulemos: el silencio, lo que NO se narra es el absoluto en Foley. Nos han enseñado a narrar y a construir personajes a partir de lo que dicen o hacen, una algarabía de personajes y palabras. Bueno, Aldo en Foley construye a sus personajes desde el silencio. Lo que no se dice, ese delicado y sanguinario recurso, lo tenemos a cada paso. Sugerimos y construimos lo que no dicen los personajes, llegamos impertinentes a contribuir a su clara decadencia o su indiferencia. 

 

Efecto Foley: grabar el rechinido de dientes para sonorizar un sueño con insectos

Pienso ahora mismo en Paul Schrader, Wenders y Harmony Korine. En todos está el deseo, esa llama, y la imposibilidad, esa otra hoguera. Los planos de Foley me recuerdan un taxi driver cotidiano. Por otro lado, cuando Wenders dijo que él quería que su cine entrara en la mente de los demás como entra una canción, lo veo aquí; los relatos de Aldo son canciones: se tararean, se chiflan, se traen a colación cuando no hay más alcohol y solo queda la noche. Así también recuerdo a Mister Lonely, de Korine. Foley y nosotros somos ese colectivo en donde interpretamos a héroes que nos gustan. Queremos ser héroes, los primeros, los únicos, pero en el fondo sabemos que solo interpretamos un papel, vivimos en una eterna simulación de nosotros mismos con nosotros mismos. ¡Qué terror!

 

 

Efecto Foley: grabar una sierra eléctrica para simular una carcajada

No hay mejor imagen para representar a mi generación que una artista pop en decadencia. Sí a la noche, sí a encontrarnos con lo que pudimos o creímos ser y darnos cuenta del moho, el tedio y lo sucio. El fracaso es sucio, quiero decir, la suciedad de la noche, un estadio vacío de mitad de la noche. De nuevo el silencio. De nuevo lo que no se dice y otra vez vivir de lo que se ha imaginado. Qué brutal es Foley, qué atroz. En esto de «los demás» solo fingimos voces y actuamos culpas. En esto de existir la pasamos creando artificios para sobrellevar la humanidad. No lo sé, solo pienso que Aldo está creando un mundo que nos atañe a todos, los que se creen ganadores y los que nos creemos vencidos, y eso, para un escritor, supongo, es suficiente.

 

Efecto Foley: grabar el rumor del hilo que recorre y cierra una bolsa de lino

Foley, de Aldo Rosales Velázquez, obtuvo mención honorífica de cuento en el Certamen Literario «Laura Méndez de Cuenca» 2018.

 

 

 

 

 

 

 

Aldo Rosales Velázquez,

Foley,

ISBN: 978-607-490-310-2, México,

Secretaría de Cultura y Turismo del Gobierno del Estado de México,

2020, 89 pp.