La levadura del diablo
Alonso Guzmán entrevista a Javier Corcobado
Aprovechamos que Javier Corcobado se presentó en días recientes en la capital del país para recuperar esta entrevista inédita de hace algunos años que Alonso Guzmán realizó al legendario músico y escritor español.
Corcobado, hermano, ya eres mexicano…
El lunes 9 de abril tuve la oportunidad de entrevistar a Javier Corcobado. Me puse nervioso, claro. No pude evitar regresar a mi adolescencia cuando escuché por primera vez «La ladrada del afilador» (en el disco Déficit, de Triquinoise records, de 1993). Desde entonces la música de Corcobado ha llegado a mi vida en forma intermitente pero constante, como una espina que duele cuando hace frío. La entrevista se realizó vía telefónica en la cabina de Uniradio 99.7 FM. Rondaban las 19:40 y quise clavarme en su relación con nuestro país. Así fue.
Alonso Guzmán: Para muchos de nosotros, aquellos jóvenes en los años noventa, era casi un logro encontrar música que no fuera la que escuchaban los adultos. Oír aquel casete de Déficit que vendían en El Chopo y escuchar en particular «La ladrada del afilador», de Javier Corcobado, nos cambió la vida para siempre. Yo fui de aquellos muchachos que
vieron cómo sus oídos reventaron al escuchar esa canción, esa historia musical, poema sonoro, ladrido, tormento, quejido, qué sé yo. Desde entonces el trabajo de Javier Corcobado me marcó a mí y a muchos en este país. Para mí es un gozo hablar con Corcobado. Nunca me maginé poder hablar con él. Hola, Javier, buenas tardes.
Javier Corcobado: Buenas tardes, Alonso.
AG: Bienvenido a México, que, según sé, es como tu segunda casa, Javier.
JC: Sí, sí, lo sé, me siento así, como en mi segunda casa.
AG: Platícanos de tu segundo concierto en el Metropólitan.
JC: Fue un gran concierto, creo, por parte de mis músicos. Yo traté de entregar todo lo que pude, todo lo que puedo dar, y el público creo que lo agradeció. Considero que esta experiencia ha sido tan buena como la primera y, bueno, estamos en gira. También actua-
mos el sábado en Aguascalientes y tenemos por delante muchas fechas más, una de ellas en el Landó el 13 de abril.
AG: Tengo curiosidad. La primera vez que viniste a México fue en 1992, andabas con Los Chatarreros; luego regresaste después del Corcobator (1999). ¿Qué fue lo que te atrajo de México? ¿Existe un vínculo con nuestro país? Y si lo hay, ¿cuál es?
JC: La primera intervención en México fue gracias a Alejandro Ruiz, alguien que luego se convirtió en mi amigo, pero fue como un promotor que me trajo solo con mi guitarrista Javier Arnal. Dimos solo un par de conciertos en el Loop, en la Facultad de Química de la UNAM, una mañana. Se había editado Agrio beso (1989) acá por una compañía independiente. Nos quedamos sorprendidos por la aceptación del público, por cómo se sabían nuestras canciones. Luego, en el 93, pude venir con toda la banda. Hicimos varios conciertos en más lugares, en el Teatro Morelos, en Tramps, en más lugares. El público fue creciendo. La gente se emocionaba mucho en nuestros conciertos, se prendían mucho, y a mí eso me gustaba. Para un artista es una gran satisfacción. Después de 1993 no volví a México, pero luego regresé para residir aquí porque ya tenía muy buenos amigos y decidí irme de España. Monté una banda en la Ciudad de México cien por ciento mexicana. Tocamos en muchos sitios y grabamos el disco Fotografiando al corazón (2003). Ya en 2003 regresé a España para editar ese disco allá. Desde entonces un año sí y otro no regreso a México.
AG: Tienes versiones de José Alfredo. Platícame de esa
conexión.
JC: Desde niño, yo admiro a José Alfredo. Casi todas sus canciones las conozco con los años. Esa manera de componer tan magistral me ha ayudado mucho a mí como discípulo en el arte de la composición de canciones; él y otros, como Agustín Lara, a quien oía desde pequeño en la radio con mi abuela, con mi mamá. Por eso siempre que vengo suelo cantar alguna canción de José Alfredo con permiso de él, que está en los cielos, y con el beneplácito de su hijo, quien fue a verme al Lunario y me felicitó por mi interpretación.
AG: Te has involucrado con músicos mexicanos. ¿Cambia la mística cuando grabas acá en México?
JC: Sí, fíjate, uno de los que yo considero mis mejores álbumes es A nadie (2009). Ya te conté que grabamos acá Fotografiando al corazón (2003), pero A nadie lo grabamos cinco años después, en 2008, y fue un álbum grabado por músicos españoles y mexicanos; esa mezcla es maravillosa porque va perfectamente adaptada a mis melodías y a mis rupturas rítmicas, a todos esos estilos de los que me nutro y luego los pervierto. Incluso ahora mismo hay músicos españoles y mexicanos. Hoy se van dos músicos españoles. Se queda Nacho Colis conmigo, quien ha sido el batería de Los Chatarreros de Sangre y Cielo. Estará en Toluca junto a mí. También estará mi guitarrista oficial mexicano, Edgar Torres, y tenemos el complemento del pequeño gran laboratorio que lleva una excelente artista que yo creo que en unos pocos años será muy reconocida; se llama Lola Barajas. Ella es de Tamaulipas y es multiinstrumentalista. Verán una banda mitad mexicana y española el viernes.
AG: Nos contaste de la sorpresa que te causó que se escucharan tus canciones la primera vez que viniste. Seguro tu casete corrió de boca en boca, prestado de mano en mano y pirateado. Ahora, en la era de la internet, como músico, ¿qué onda con esa generación que te sigue y a la que es relativamente más sencillo encontrar tu trabajo? ¿Cómo te sientes en esta época de la internet?
JC: Como tú bien dices, para mí tuvo un lado positivo la época de la piratería de los casetes, porque ninguna disquera hizo promoción de mí como artista en México; toda la promoción que hacíamos era en España. Entonces la gente acá nos conocía por casetes piratas y de boca en boca. La gente mostraba las canciones unos a otros y así fue creciendo el público. En mi caso, la explosión de la internet y de plataformas como Spotify, iTunes, etcétera, ya no hace necesario al disco como objeto. Así, la gente puede acceder a toda mi discografía. En Spotify, por ejemplo, está todo, menos las rarezas, caras B de singles. A mí me parece bueno, por un lado, para poder acceder a muchísima música y con buena accesibilidad económica (pagando una pequeña cuota al mes tienes una buena escucha). Sin embargo, lo que se ha perdido mucho es la serenidad y la capacidad de sentarse a escuchar música como hacíamos antes. Antes, recuerdo, un amigo se compraba un disco, un LP, un vinil, lo importaba de Londres, de EU, de donde fuera, y todos íbamos a su casa a escucharlo. Yo hacía lo mismo cuando conseguía un disco muy difícil: escuchábamos el disco entero en una reunión, todos juntos. Yo creo que eso se ha perdido bastante. La gente escucha más la música en solitario y por audífonos, haciendo deporte o en los carros. Pasan de una canción a otra, no escuchan una canción completa. Las emisoras mainstream, las televisoras, muestran una música muy plana, como le llamo yo; es decir, no tiene bajadas ni subidas, intensidad, las letras no se entienden bien o siempre hablan de lo mismo. Considero que hay bastante vulgaridad en general.
AG: Javier, muchísimas gracias. Una última pregunta. Por ahí me atreví a ver el set list, la lista de canciones de tu concierto en el Metropólitan. Solo quiero preguntarte cómo planeas los conciertos de esta gira. ¿Ya tienes esta estructura que nos mostraste en el Metropólitan?
JC: Pero no pudiste acceder a esa lista, nunca la hice pública.
AG: Oh no, Javier, es una crónica de tu concierto que publicó Indie Rocks. La reportera Dafne Carballo se sabe todas tus canciones y todos tus discos.
JC: Ja, ja, ja. ¿En serio? ¡Oh, por dios! No se pueden guardar secretos. Bueno, esta gira básicamente ha sido para homenajear al público de México que nos ha seguido durante muchos años, entonces he hecho una selección basada en toda mi discografía en solitario, desde Agrio beso hasta Mujer y victoria (2017), que al día de hoy es el último disco, y el repertorio es más amplio; son casi treinta canciones. No tocamos las mismas en todos los conciertos, así que en Toluca espero que haya un par de canciones más que en el Metropólitan, y como te he escuchado antes que hablabas de «La ladrada del afilador», pues sí, podéis contar con ella porque la hemos retomado y la estamos llevando al escenario a casi todos los conciertos.
AG: Vas a ver muchas lágrimas si tocas «La ladrada del
afilador».
JC: Bueno, las lágrimas son buenas. Llorar es bueno también; es tan bueno como reír. Llorar te desintoxica.
AG: Muchas gracias, Javier.
JC: Muchas gracias. Saludos para todos los oyentes. Muchos besos.