ISSN: 2992-7781
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Como atrapar un pez

 

 

No se nace señora

 

Lolbé González

Me he pasado ya demasiados años pensando que soy una niña que pronto será una joven que se convertirá en una señora. Al principio estaba bien porque en verdad era una niña que pronto, no tan pronto como habría querido en ese entonces, se convirtió en una joven. La prisa de la niña tenía que ver con un mal presentimiento. Algo me decía que yo no iba a llegar a la juventud, que nunca iba a poder hacer libremente las cosas que en esa época hacían las muchachas: tener novio, usar tacones, llevar en el bolso un lápiz de labios rouge. Pero cuando llegué a esa edad no tuve novio y odiaba los tacones, aunque algunas veces me pintaba los labios de rouge. Más adelante empecé a sentir que estaba a punto de ser señora, pero sin nunca llegar a serlo del todo. No estoy segura de por qué. Es posible que tuviera algo que ver con el hecho de que para mí las señoras son mi madre y todas aquellas otras señoras que veo por ahí y que andan por la vida con las cosas claras: qué compañía de seguros sí, qué detergente no. Señoras que bendicen la viudez, que hacen la reclamación por el cobro incorrecto en el supermercado. Quizá yo pensé que si no tenía hijos no iba a llegar a ser una señora del todo. Por esa clase de conclusiones que se agazapan en una esquina de la cabeza sin ton ni son. Llegó un momento, sin embargo, en el que las señoras dejaron de tratarme como a una jovencita y comenzaron a hablarme con complicidad. Noté entonces que las señoras tienen adentro muchachas que tienen adentro niñitas que ya quieren poder pintarse los labios de rouge. Que la capa más exterior, la de señora, es la madre de la niña y la hermana de la joven o algo así. Es posible que en algunos casos no sean ni amigas unas de las otras. No puedo afirmarlo con certeza, es una impresión. Me doy cuenta ahora de que también soy una señora, aunque a veces me sienta como una niñita, sobre todo, cuando hace frío y estoy demasiado cansada para prepararme algo de cenar, cosa que ni siquiera puedo hacer porque no tengo nada en la despensa dado que la señora que también soy no tuvo tiempo de ir a hacer la compra. La joven en mí da un portazo al refri y se queja en voz alta: en esta casa nunca hay nada para comer. Las tres nos vamos a dormir con hambre.

Lolbé González (Mérida, México, 1986). Maestra en Psicología Clínica por la Universidad Autónoma de Yucatán. Es docente en la licenciatura en Lengua y Literatura Modernas de la Universidad Modelo. Participó en las antologías Yo quería llamarme Emilio, como tú, y otros poemas (Grafógrafxs, 2021), Blavatsky. Antología del taller de poesía de Grafógrafxs (Grafógrafxs, 2022) y Desgracia, ebriedad, locura y tal vez Illinois. Poemas de amor de Grafógrafxs(Grafógrafxs, 2022). Es autora de Quiscalus mexicanus (Grafógrafxs, 2022) e integrante del taller de poesía de Grafógrafxs.