ISSN: 2992-7781

HISTORIAS DE PAO CHENG
A man, a plan, a canal, Panama

Demian Marín

Estación de navegantes (Extemporáneos, 1976) del poeta panameño Dimas Lidio Pitty, fue en su momento, hace cincuenta años, una revelación para propios y extraños. Se trata de la primera obra narrativa (después publicaría libros de cuentos y, ya en el ocaso de su vida como escritor, otra novela) de alguien que era ya reconocido en la pequeña nación centroamericana como un poeta consolidado. Y en las páginas de esta novela puede verse la mano lírica, que atrapa y deleita.
A mí, en lo personal, me llevó irremediablemente a mis días de estudiante de Letras Latinoamericanas, cuando los aprendizajes sobre formalismo, narratología, teoría de la recepción y demás estudios críticos nos llevaban, a mí y a mis compañeros, a poner bajo el microscopio algunas de las grandes obras que Latinoamérica ha dado, esto, casi siempre, en menoscabo del simple deleite de leer una novela. Y aquí recalco el «casi siempre», porque existen las excepciones. Me imagino a mí mismo, estudiante, leyendo Estación de navegantes y dejándome llevar por la lectura, sin importarme la toma de notas para lograr entender la «verdadera intención» del autor. Me imagino leyendo y disfrutando, sólo disfrutando.
Estación de navegantes es una novela política, pero también es personal, íntima. Dimas Lidio Pitty, a través de su narrador protagonista, nos regala una triste visión de un país fracturado, Panamá, que ha sufrido y sigue sufriendo los embates del colonialismo. Su localización geográfica estratégica es su condena: Panamá es, sin serlo oficialmente, una colonia actual del gran país que lleva como estandarte la libertad. Panamá es, para los ciudadanos estadunidenses, una oportunidad de negocio y un gran prostíbulo, y para los panameños, tan sólo una herida abierta.
Estación de navegantes es una novela íntima, pero también es política. En ella se narra un encuentro. El protagonista, un joven burócrata panameño, con una historia de desarraigo y cólera, conversa en una cantina de esas que abundan en la ciudad capital con un soldado estadunidense, aspirante a escritor, que a diferencia de la gran mayoría de gringos que pasan por el canal, está consciente del daño que su país ha provocado a otras naciones, a sí mismo. El encuentro es narrado con un tono melancólico, como un instante que se sabe perdido.
El recurso de la conformación de toda una novela a partir de un encuentro guarda cierto paralelismo con otra gran novela latinoamericana, Conversación en la catedral, de Mario Vargas Llosa, también intensamente política. Sin embargo, en la de Pitty hay cierta ternura, cierto amor doloroso por los personajes, por esa nación invadida, donde el dinero abunda, pero en manos de quienes van de paso, y lo único que se queda es la miseria. Para resumir Estación de navegantes, sólo basta una cita de la novela misma: «Ciudad puerto, ciudad de paso, ciudad fugaz».