ISSN: 2992-7781

 

Historias de Pao Cheng

El poder purificador del fuego

Demian Marín

 

La ciencia ficción había sido un espacio donde cabía la especulación científica, pero no la del yo. Todo debería ser comprobable o, al menos, bien pasado por el tamiz de la lógica. Y así siguió la ciencia ficción más o menos su camino… hasta Bradbury. El escritor norteamericano nos abrió otra vía: la de la lírica. Las historias de Bradbury no son ya demostraciones lógicas de mundos posibles, sino odas a la esencia humana por medio de nostalgias tecnológicas y uno que otro marciano.

En Fahrenheit 451, Bradbury nos muestra el poder destructivo del fuego, el elemento que acaba con el conocimiento acumulado y reduce a la civilización a cenizas. Por su parte, la novela Lanzallamas (Dirección de Educación, Cultura y Turismo, Toluca, 2026) se presenta, sin quererlo siquiera, como la antípoda de aquella novela clásica del buen Ray. Porque aquí el fuego purifica, construye relaciones entre los jirones de una sociedad destruida. Cloudy Jack, el único personaje con nombre, deambula por la ciudad con su arma, bautiza con fuego a los hombres y mujeres caídos y, con ceniza, da nombre a las calles de esa nueva metrópoli.

Alonso Guzmán, autor de Lanzallamas, lleva a la ciencia ficción un paso más adelante. Su pluma borra fronteras de género. El lirismo, que era solo una característica de Bradbury, se vuelve el centro de toda la novela de Guzmán. Un lector poco avezado puede quedar perplejo ante el dispositivo —¿narrativo?, ¿poético?— que tiene en sus manos.

Las coordenadas que nos da el autor de Lanzallamas son mínimas: un «cataclismo púrpura» destruye la ciudad de Toluca por medio de la transformación de los habitantes en no vivos (o no muertos, como en ocasiones los nombran las diversas voces líricas que conforman el libro). A raíz de ese evento, los sobrevivientes crean clanes que, a su manera, buscan el sentido perdido a través de prácticas escalofriantes, como el suicidio, el canibalismo o la colección de piezas dentales.

Todo lo demás es un coro que canta, a veces con contrapuntos, en ocasiones en sintonía, a una Toluca muerta y sin esperanza. Las voces líricas que conforman los fragmentos de Lanzallamas no muestran interés en contar la historia, su historia; más bien, buscan dejar asentado, por medio de la palabra, que no hay un mañana, que no hay escapatoria en esa ciudad rodeada de perros que destrozan a dentelladas a quien ose acercarse para salir de aquel cementerio de no vivos.

Las figuras retóricas, de entre las que destacan la metáfora, el cromatismo y el discurso anafórico de la prédica cristiana, pululan en este libro. Y son tan acertadas muchas de ellas que el lector no tiene más que aceptarlas como generadoras de emoción, aunque esta emoción no lleve más que a la desolación.

Échenle un ojo a Lanzallamas, de Alonso Guzmán: un poema largo de ciencia ficción que les puede generar de todo, menos indiferencia.