ISSN: 2992-7781
REVISTA DE LITERATURA DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DEL ESTADO DE MÉXICO

Libros y lecturas de Xitlalitl Rodríguez Mendoza

 

 

1. ¿Qué representa para ti un libro?

Es el único lugar del mundo que me pertenece.

 

2. ¿Qué autores jugaron un papel fundamental en el desarrollo de tu vocación?

Rosario Castellanos, sin duda. Luego empecé a leer, sin darme cuenta, mucha poesía traducida. A Paul Verlaine, a Arthur Rimbaud, luego también a Vicente Huidobro y César Vallejo, quienes en cierta forma rompen de forma tan extraordinaria al español que parece que hubieran escrito casi en otra lengua —una que, por cierto, me encantaría aprender—. La Adrienne Rich, de María Negroni. María Negroni, Jorge Esquinca, Lisi Turrá, las traducciones de Ulalume González de León, el breve pero abismadísimo Mallarmé de Gerardo Deniz y Pura López Colomé. El caso es que además de autores, también le debo mi vocación a esxs otrxs autorxs que son lxs traductorxs.

 

3. ¿Qué te han regalado los libros?

Un lugar propio. Sin los libros no tendría un lugar a donde ir a cortar unas ramitas de esperanza.

 

4. ¿Cómo te fuiste introduciendo en el mundo de la lectura?

Mis papás nos compraban a mi hermano y a mí enciclopedias que pagaban con letras, como se usaba en los ochenta. Y varias de esas tenían tomos con cuentos de los hermanos Grimm y cositas así, nada muy diferente de lo que se incluía en los libros de Español Lecturas, donde además metían cosas de autorxs mexicanxs y otrxs latinoamericanxs. Una de esas enciclopedias era El mundo de los niños, y tenía un tomo llamado “Lugares maravillosos”. Dentro de ese había un apartado de lugares embrujados. Supongo que el miedo que me provocaban esas lecturas me fue atrayendo a la literatura. Eso y el hecho de que me eduqué en una familia católica. Así que había que leer las lecturas en misa para no aburrirse o escuchar lo dark del Evangelio o, ya de plano, ponerse a jugar con las actividades de esa publicación dominical llamada El amiguito.

 

5. ¿Qué libro que leíste en tu infancia sigue rondando en tu cabeza?

El Apocalipsis; no entendí nada. Tendría unos siete u ocho años. Lo leí porque me obsesioné con The Omen. Así es: si tenías suerte, cualquier sábado en Canal 5 (en tus Cinco Sentidos) pasaban —a partir de las 16 h— la serie de películas de La profecía, bellamente doblada a la lengua de Cervantes (en una variante no peninsular) para disfrute y solaz del público infantil, mientras los adultos poblaban las sobremesas y eventuales borracheras. Fue además, creo, la primera vez que advertí que dentro de un libro físico puede haber otros libros; como es el caso de la Biblia.

 

6. ¿Realizas lecturas unitarias de autores —para captar su espíritu— o lees una novela de uno y otra de otro?

Depende. Por cuestiones de trabajo acabo de tener una inmersión completa a la obra de la poeta uruguaya Selva Casal, y fui la más feliz del universo; no conocía su obra y haberla descubierto de sopetón me dejó maravillada, como si me hubiera caído un rayo. Pero fuera del trabajo, por lo general soy muy desorganizada y holgazana. Leo de a cachos, leo mal, leo poco, vuelvo mucho a lo que leo. De algunxs autorxs sí leo varias cosas, pero ya no de un tirón, como en la escuela, que ahí medio sí me obsesionaba con unx que otrx. Ahora como que voy alternando con otras lecturas.

 

7. ¿Qué libros están presentes en los tuyos?

Quisiera decir que están realmente presentes, que “se notan”, pero no creo haberlo conseguido. Sin embargo, siempre quiero imitar Grosso Modo, de Gerardo Deniz; Pedro Páramo, de Juan Rulfo; Desarmando el silencio / Dismantling The Silence, de Charles Simic, traducido por Juan Carlos Galeano; Si le ha fallado la suerte y El flautista en el pozo, también de Simic, traducidos por Rafael Vargas, y hay por ahí la traducción de una entrevista con Simic muy linda que hizo Luis Eduardo García; Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, de David Foster Wallace, en la traducción de Javier Calvo (quien, por cierto, también es traductor de Simic); Una temporada en el infierno / Une Saison en enfer, de Arthur Rimbaud, traducido por Xoán Abeleira; Autobiografía de Rojo, de Anne Carson, traducido por Tedi López Mills; Muerte en la rúa Augusta, de Tedi López Mills; Moby Dick, de Herman Melville, traducido por Enrique Pezzoni; A Cousa Vermella, de Olga Novo, en gallego y en la traducción de Xoán Abeleira; Choix de poèmes, de Paul Celan, traducidos del alemán al francés por Jean-Pierre Lefebvre, y luego en la traducción que hizo José Luis Reina Palazón para Trotta; casi todo Robert Walser —novelas, prositas y poesía—, traducido por Rosa Pilar Blanco, Juan de Sola Llovet, Carlos Fortea, etc.; Poesía no eres tú, de Rosario Castellanos; El libro de la almohada, de Sei Shônagon (por mediación de la película de Peter Greenaway), en la traducción de Amalia Soto; El pobrecito señor X, de Ricardo Castillo; Cuerpo, de María Auxiliadora Álvarez; Canto villano, de Blanca Varela; Atravesando olvido, de Antonio Gamoneda; Lejos de mí decirles, de Mario Montalbetti, y Mamá morfina, de Eros Alesi, traducido por Guillermo Fernández.

 

En general me gusta mucho leer poemas en revistas (entre más viejitas, mejor): el tiempo hacia la muerte se va pasando muy rápido de esa forma.

 

8. ¿Qué libros has releído?

Muchos de los que mencioné arriba y algunos otros.

 

9. ¿De cuántos libros está compuesta tu biblioteca y qué podemos encontrar en ella?

Pues entre Atahualpa Espinosa y yo tenemos una decena de libreros. No sabría calcular, pero una vez nos cobraron doble mudanza por los libros porque muebles casi no tenemos, pero el relleno de los libreros es lo que más pesa y lo más difícil de cargar (sobre todo antes de la pandemia de tote bags).

 

10. ¿Cuál es el libro que te ha impresionado más y por qué?

No sabría decir. Supongo que cuando me quedo en un libro es porque alguno de sus rasgos me impresiona en ese momento. Pero bueno, digamos que uno que me impresionó mucho mucho fue Nox, de Anne Carson.

 

11. ¿Qué significa para ti publicar un libro?

Conocerme nuevos errores, y nada me da más esperanza que eso.

 

12. ¿Con qué autores te nutres actualmente?

Chris Kraus, Roxana Crisólogo, Cecilia Pavón (como poeta y traductora, justamente de la misma Kraus), Fabián Casas, Yanko González, Geraldine Juárez, Selva Casal, Carla Faesler, Nadia Escalante, Luis Arce, Anaité Ancira, Ana Guerrero, Alonso Guzmán, Cecilia Juárez, Ánuar Zúñiga, Inti García Santamaría, Paula Abramo, Óscar de Pablo, Sergio Loo, Ángel Ortuño, Luis Alberto Arellano, Maricela Guerrero, Antonio León, Sergio Ernesto Ríos (tanto de su esperadísimo libro que ya tuve la fortuna de leer como de lo que publica y traduce en Grafógrafxs; es un polo importantísimo de la literatura latinoamericana contemporánea). Ahí la llevo pian pianito con En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. A veces me aviento algún cuentito de Thomas Ligotti, a quien me recomendaron Lalo Padilla e Iván Ortega. También me gusta mucho la columna de música de Atah en La tempestad, “Silencio selectivo”; y su primer libro de poesía —Rivulus de plata. La prueba lepismática del sueño— es una maravilla. También leo sociología de la traducción; uno que me gusta en particular es La república de las letras, de Pascale Casanova. Además, escarbo en la colección de Bonilla sobre estudios de traducción, tiene cosas bellas; eso me divierte bastante. Y ya. Pierdo mucho el tiempo en Instagram.

 

13. ¿Qué tipo de libros te producen antipatía?

Me cuesta mucho trabajo leer lo que está muy de moda. Por eso, lo único que leí de Roberto Bolaño fue Los detectives salvajes. Es una gran deuda que tengo, pero en la escuela no dejaban de hablar de él; todo mundo lo leía, y una contreras que es. Me lo perdí. Ahora me está pasando un poquito con Mariana Enríquez, por ejemplo, por eso me la he ido dosificando. Pero esa es una tara más bien sociológica; lo que de plano no me gusta son los libros demasiado hechos, demasiado calculados. Me caen muy mal los “buenos libros”, esos que eligen un tema o causa meticulosamente; que rompen la sintaxis del español sólo lo suficiente como para poder abrir un hueco mínimamente interesante en el poema, que todas las partes del libro tienen coherencia y unidad. Y no hay nada más insoportable que un autor que no puede dejar de escribir de sí mismo en un tono culpígeno, aburrido y sin autoescarnio —del que divierte, como salsita de la que pica—; eso es muy lamentable.

 

Xitlalitl Rodríguez Mendoza (Guadalajara, México, 1982). Poeta y editora. Licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Con el libro Jaws [Tiburón] (Mantis/Conaculta, 2015) obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ignacio Manuel Altamirano 2015. Es autora de Hotel Universo (Grafógrafxs, 2019), Poesía y desempleo (Libros Soberanos, 2020) y Poesía morosa. Prositas de amor contra el SAT, (Ícaro Ediciones, 2022).