ISSN: 2992-7781
REVISTA DE LITERATURA DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DEL ESTADO DE MÉXICO

Cinco poemas de La vida sin centro

Leandro Llull

 

 

En un subte alguien lee a Virginia Woolf

 

Una chica alza el mentón hacia la luz quebradiza del metro,

despega la lectura y sonríe bajo el movimiento de los vagones.

Su cara va tomando la forma más bella de la energía

y yo veo cómo sus labios corren con Virginia

a lo largo de una costa paralela al mundo que habitamos.

Entre las nubes van las dos dejando huellas

sobre la arena rumbo al faro que domina la marea.

Pero al llegar, alguien las detiene:

No tenemos aquí nada para darles,

ustedes no necesitan recompensa.

Han amado la lectura.

 

 

Pequeña victoria sobre el discurso del cronista

 

Estoy en una oficina esperando por el dueño.

Una pantalla quejumbrosa desborda la sala

con el canal de las noticias y el diseño

del mundo flota como un vitraux

que filtra la legión de sus demonios.

La crónica es un cuerno que me aturde,

abro el libro y busco un poema.

Quiero leerlo y no puedo. Entonces

lo digo, lo rezo,

tapo el violento staccato y el verso

se escancia y alcanza el vigor de la materia.

Soy un sheik que canta y descubre

la pulpa del silencio. En el vacío

subo hasta la música y me vuelvo

real, sagrado,

sólido,

como la espuma.

 

 

Números

 

Con la luz apagada y una pata menos en los lentes

mi vieja saca cuentas para ganarle a la inflación.

Tengo cinco años, el mundo

es una cocina oscura y una mujer

tentando que las cosas entren en sus números.

Las cifras se ocupan de la impotencia y de la falta

y ella pega tickets, hace sumas

en los márgenes, glosa y adjunta las notas

garabateadas en retazos.

Siendo una de esas bocas destinadas

a salvarse por la maravilla del guarismo,

empiezo a entender que las verdades

son un pequeño tajo de sol

en la habitación ensombrecida

donde una mujer se desvive

para que la matemática sea,

como Descartes quiso,

un arma que descompone,

y al final, nos une.

 

 

Huesos

 

¿Te acordás del monstruo

que unos pibes encontraron

cerca de la rompiente y las aguas vivas?

Ardía negro y perlado un palo

señalando aquel hallazgo y la gente

se amontonaba para verlo.

Pero solamente había una marca,

la intriga y la sorpresa soportando

el embate de la espuma.

Un hueso, dijiste. Un fósil

de alguna criatura milenaria

en la orilla del mar. Blando,

efervescente, irradiaba su latido

y rodeaba con un pecho de medusa

los maravillados años

igual que la sal sobre la piel

cuando nos quedamos encallados

a secarnos en la arena.

 

 

Las nubes

 

¿Ves el río que huye,

la masa terriforme y quieta de tu entorno?

¿Ves el tiempo convertido en jarra,

bacinica de terrina que comprende al agua muda?

¿Ves la zanja de tu vida,

la estancada tarde en que perdiste todo?

Sí, ahora los ves.

Ahora, cuando se ha roto la cápsula de aquellos días

y fluís como las nubes en el cielo de este patio.

 

Leandro Llull (Rosario, Argentina, 1983). Es autor de Disonancia del jardín (Editorial Municipal de Rosario, 2009), Horas menores (Huesos de jibia, 2013), A los pibes crudos (VOX, 2015), Maratón (Ediciones 27 Pulqui, 2016), El gamo(Ediciones 27 Pulqui, 2019) y La vida sin centro (Salta el pez ediciones, 2022), y del trabajo “La lengua en soledad”, dentro de la obra colectiva Prueba de soledad en el paisaje (Mansalva, 2011). Recibió el primer premio de la Municipalidad de Rosario en 2009 y el primer premio del Fondo Nacional de las Artes de Argentina en 2013.